Señor Director:
Conocer el origen del malestar central que subyace en estas últimas revueltas es clave para la definición de soluciones. Permítame plantear una explicación. Antes de avanzar en análisis, es importante destacar que Chile ha mejorado en todos los indicadores en los últimos 20 a 30 años: educación, pobreza, salud, crecimiento económico e incluso en desigualdad (aunque sigue siendo elevada). Entonces, ¿por qué revienta ahora si el país está mejor?
Mi explicación radica en una generación actual de jóvenes entre 20 y 40 años, que ha podido acceder a una mucho mejor educación. Es una generación formada por familias que vieron en la educación un mejor futuro, asistieron a una educación básica de esforzada calidad, con amplio acceso a educación universitaria. Es una generación de jóvenes conectados al mundo gracias a la tecnología, bien capacitada, que crecieron viendo un país halagado por todos y rodeados de éxitos. Esta generación se alimentó de razonables y optimistas expectativas. Y se lanzó al mundo laboral e independiente con esfuerzo, conscientes que no sería una tarea fácil, pero expectantes de un mejor futuro. Y ese mejor porvenir no llegó.
El crecimiento no fue suficiente para absorber la (sobre) oferta de profesionales capacitados. Títulos que prometían ser un pasaporte de ascenso, resultaron ser una deuda. Internet les mostró que el mundo parece estar peor y las noticias y redes sociales les contaron una triste historia. El endeudamiento se sintió necesario para estar a la altura, pero terminó siendo impagable. Resultó ser un duro choque de expectativas que creó un caldo de cultivo alimentado además por escándalos de corrupción, derrotas, colusiones, injusticias, alzas injustificadas… en que todo cocinado y agravado bajo el lento crecimiento resultó ser un cóctel explosivo.
Pienso que es esta la gran masa que se ha manifestado últimamente. A la que se le han sumado otros grupos menores de interés mientras que los vándalos aprovechan este ambiente para hacer de las suyas. Siendo este el corazón del problema, las soluciones deben apuntar a potenciar esta generación. A darles cabida y oportunidades y a no descuidar el crecimiento necesario e inclusivo para atender sus legítimas aspiraciones. Y tratando de ser optimista: Chile tiene una generación preparada y talentosa, que bien encauzada puede ser un aporte al país.
