Señor Director:
Se escribirá mucho sobre el triunfo inapelable de Donald Trump. Pero cabe enfatizar al menos un par de cosas. Desde luego, el notorio grado de impermeabilidad de Trump hacia las críticas a su conducta, sus dichos, sus acciones o sus inclinaciones ideológicas. O bien una parte del electorado coincide con las explicaciones que se dan sobre estas cuestiones (son exageraciones, o mentiras o invenciones de los demócratas), o bien hay grados de pragmatismo que trascienden consideraciones normativas.
Segundo, Trump nunca se movió realmente de las principales prioridades de la ciudadanía: economía y migración; dos asuntos de implicancias materiales directas sobre la población. Es cierto que hay discusión en torno a que sus políticas provocarán daño económico, pero la percepción de los electores como siendo Trump más competente que su contrincante, hablan de una elección mucho más centrada en contenidos afectivos que empíricos.
Finalmente, vendrán cuatro años de imprevisibilidad e incertidumbre. En su primer mandato ya hubo varias señales de volatilidad relativa a sus decisiones, y eso permite inferir que se vivirán cuatro años de inestabilidad a nivel internacional. El país debiera ser precavido y cuidadoso en este escenario. Perfectamente podemos estar presenciando el inicio de un proceso disruptivo de implicancias insospechadas.
Guido Larson Bosco – Profesor Facultad de Gobierno. Universidad del Desarrollo
