Señor Director:
Hace un par de semanas, José Antonio Kast llamó woke al Presidente Boric. No es un término usado comúnmente fuera del mundo anglosajón. Originalmente significó estar alerta al prejuicio social y la discriminación en círculos afroamericanos, ampliándose en la década pasada a distintas realidades percibidas como inequidad social.
El wokeism es una ideología que toma elementos de diversas corrientes de la modernidad. Una de ellas es el pensamiento de Rousseau, quien alegaba que la moralidad de las acciones no estaba en las acciones mismas, sino en la intención con que se las hacía. Elocuente es cómo Rousseau trató de defenderse del rechazo que provocó su acción de dar a sus cinco hijos, uno a uno, al orfanato. En ese tiempo esto era condenarlos a muerte. Después de una exposición de sus buenas intenciones y de excusarse diciendo que tales eran las costumbres de los hombres del país, dice Rousseau: “Mi falta es grande, pero es un error; he olvidado mis deberes, pero no ha entrado en mi corazón el deseo de dañar”. Por tanto, lo debemos perdonar. A pesar de que envió a la muerte a sus cinco hijos.
Lo mismo alegan los que suscriben a la ideología woke: no se puede juzgar una acción, sino que pareciera que las buenas intenciones y sentimientos eximen de responsabilidad a los agentes. Se justifican por la causa que defienden, no por sus acciones. En buen chileno, parte de esta ideología es el “complejo de víctima”, del hombre o la mujer incapaces de asumir responsabilidad por sus acciones, como corresponde a los adultos.
¿Tenemos un Presidente woke? Habrá que ver cómo el Presidente Boric asume sus responsabilidades: si lo hace como adulto, o como Rousseau.
Bárbara Symmes Avendaño – Profesora del Centro de Estudios Generales, Universidad de Los Andes

Creo que será tipo Rousseau