Señor Director:
El caso de la señora Isabel Amor es uno de aquellos que demuestra la escasa valía en lo de fondo de ciertas creencias como son la tolerancia y la sorodidad en este caso y tantos otros conceptos que se levantan como mantras vacíos. En efecto, no se divisan razones para lo que ha sucedido con Isabel Amor.
El gobierno y sus más altas autoridades muestran una total y clara vacilación en este caso, de su coherencia entre lo que se dice y hace y están silentes. Una muestra importante de seriedad e igualdad es mostrar las causales que sustentan lo que el Gobierno ha hecho. Mientras tanto, y en el ámbito de la real práctica y creencia categórica de la sororidad nadie debería prestarse para ocupar el cargo por dignidad personal y como una muestra de coherencia entre lo que se dice y hace.
Este tipo de temas, finalmente de corte ético y moral, deben ser creíbles y categóricos sacándolos de la retórica, lo hipotético y la mera declaración para que sean un ejemplo para la sociedad.
Jaime Dart Vallejos

Las contradictorias declaraciones de los personeros que han intentado justificar la «pérdida de confianza», sólo demuestran que no existen límites cuando se impone el «ni perdón ni olvido». ¿Debió la hija repudiar a su padre para contentar a quienes no les bastan los fallos condenatorios en juicios de dudosa legalidad?