Señor Director:
El pasado miércoles el exministro José Joaquín Brunner publicó una columna en El Líbero llamada “Las corrientes de derecha en busca de un perfil ideológico”. No es primera vez que analistas lejanos ideológicamente a la derecha chilena buscan analizarla y desentrañar cuál es su rumbo; la socióloga franco-chilena Stéphanie Alenda viene desde la academia haciendo un ejercicio similar.
Sus análisis no están exentos de su juicio personal, reflejado en que, al parecer, renovar la derecha implica restarle su esencia llevándola a camuflarse con ideas de izquierda o centroizquierda, diagnóstico que, curiosamente, parecen compartir los partidos de centroderecha y sus intelectuales: o se liberaliza valóricamente a toda la derecha (Valentina Verbal, Evópoli) o se la hace socialdemócrata económicamente (Hugo Herrera, Pablo Ortúzar, RN, Joaquín Lavín), todo siempre desde la culpa.
Llama la atención, también, que tanto Brunner como la mayoría de los demás mencionados consideren con tanto desprecio injustificado fenómenos como los de Trump, Bolsonaro, Vox (partido al cual el exministro incluso evita nombrar en su columna) e incluso gobiernos ampliamente respaldados como los de Polonia o Hungría. Hasta el momento no existe un argumento coherente formulado para descartar que por dicha vía, la de un rescate profundo de la verdadera esencia de la derecha, esté verdaderamente su renovación. “O la derecha se izquierdiza o se cierne sobre nosotros el apocalipsis”, tal parece ser la pobrísima premisa de estos analistas.
