Señor Director:
En la vida nada es neutro, todo trae consecuencias, las señales que se emiten generan realidades. Como la formación o deformación de un niño, la conducción de un país forma o deforma a los ciudadanos.
Si desde el Congreso se aplaudió a la «primera línea», se indultó a violentistas y terroristas y se les otorgan pensiones de gracia, la resultante, es obvia: más delincuencia y validación del crimen organizado que estamos padeciendo hoy.
Se eliminó el mérito en la educación, se transformó el ingreso en azar y se terminó disminuyendo la calidad de la educación, multiplicando la injusticia, la inequidad y aumentando la deserción escolar.
Si se promete condonar una deuda que una persona adquirió voluntariamente para acceder a la educación, la consecuencia es obvia: miles dejan de pagar. Se instala la cultura del incumplimiento y los impagos crecen como la levadura.
Las señales correctas también tienen consecuencias. Decir que quien tiene ahorros debe pagar su crédito educacional ordena y da certeza. Advertir que quien raya o destruye bienes públicos pierde beneficios sociales, protege el patrimonio de todos.
Para qué hablar de los incentivos perversos de los bonos donde se falsean cifras de producción, venta o lo que sea con tal de ganar, los tienen que devolver.
Una sociedad funciona cuando existen derechos, pero también deberes. No es posible que algunos se hayan dedicado a viajar con licencias médicas y nosotros les estuviéramos pagando las vacaciones con sudor y lágrimas.
Los abusos, los despilfarros hay que pararlos porque hunden familias, empresas y países. Es cosa de pensar dónde estaríamos con el mamarracho constitucional que nos intentaron imponer.
Gobernar es emitir señales correctas porque las señales no sólo tienen consecuencias, sino que generan realidades.
Josefina Sutil Servoin

Así es