Señor Director:

Patricio Navia vuelve a la cómoda dicotomía Allende/Pinochet para explicar la política chilena. Es una tentación comprensible: ofrece un relato moral sencillo y permite ordenar a todos en la misma foto del 88. El problema es que describe mejor las obsesiones de las élites que las preocupaciones de los votantes.

Los plebiscitos de 2020, 2022 y 2023 muestran otra cosa: mayorías que cambian de bando, comunas que votan distinto a como lo hicieron en el Sí/No y jóvenes para quienes Allende y Pinochet son, a lo más, capítulos de historia. El eje que hoy organiza la competencia no es el de la memoria, sino el de la refundación versus el orden: entre quienes creen que todo debe rehacerse desde cero y quienes temen que ese impulso termine dañando empleo, ahorro y seguridad.

Seguir leyendo el país sólo con los lentes del pasado tranquiliza a los intérpretes, pero oscurece a los electores. Chile ya no vota por héroes o villanos históricos: vota, con más pragmatismo que épica, contra el riesgo.

Luciano Cruz

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2 Comments

  1. Obvio, hace rato que es así, pero a Navia parece que le gustaría y acomoda que esa fuese la disyuntiva, una pena por quienes creen en él y lo leen o escuchan

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