Señor Director:

Es algo difícil agregar al análisis que hace el destacado historiador Alejandro San Francisco, al artículo “Una vida de encuentros”, sobre el entretenido, ameno y culto libro de José Rodríguez Elizondo, “El día que me mataron”.

Comparto con el profesor e historiador que el género memorias, siempre útil para lectores interesados, historiadores y amantes de la literatura.

Con sutileza y profundidad presenta el libro de Pepe en forma amena al precisar: “Sigue un modelo interesante, que resulta original, hablar a través de países conocidos, de figuras con quienes le tocó tratar, para terminar con algunas sugerencias bibliográficas”.

Más aún, retrata fielmente la multifacética personalidad de mi amigo así como algunos retazos de su agitada vida.

Por nuestras conversaciones he conocido detalles inéditos de su participación en diversos episodios de la vida nacional desde funciones de relevancia: los convulsionados días que siguieron al golpe de estado de 1973, con reales peligros para su vida, su paso por la entonces Alemania Oriental y su llegada a Lima, donde se incorporó al selecto grupo de periodistas de la prestigiada revista Caretas.

Sus numerosas obras sobre historia política interna e internacional son de gran valor y profundidad para quienes nos interesa conocer las sensibles vinculaciones vecinales de Chile.

Rodríguez Elizondo ha sido actor y narrador de capítulos importantes del pasado, en los que ha intervenido como periodista, escritor, académico y diplomático. Por eso es un referente para la vida nacional y sus eruditos conocimientos en diversas materias humanísticas lo convierten en un polímata de gran valor.

Me permito hacer este breve comentario porque soy consciente de la indiferencia que nuestra sociedad, a veces, tiene hacia las personalidades descollantes, lo que se refleja en la expresión coloquial “el pago de Chile». No es raro que los galardones de Pepe –Premio Rey de España-, por ejemplo, sean casi todos del extranjero.

Una reflexión final: personalidades como la de mi amigo merecen un reconocimiento de Chile por sus invaluables aportes a la Nación. Me extraña, por ejemplo, que aún no tenga un Premio Nacional que podría ser de Humanidades, Literatura o Periodismo. Las jóvenes generaciones tienen en Pepe a un guía académico, un gran ser humano, una personalidad cuyo pensamiento resultará útil para orientar el quehacer profesional cotidiano y, en particular, las tareas de quienes aspiran ser genuinos servidores públicos.

Periodista, escritor y Premio Nacional de Humanidades 2021