Señor Director:
Ya nos advertía Platón que la obra maestra de la injusticia, es querer parecer justo, sin serlo. Cuando se producen excesos, se cruza la línea roja y la o las personas se pasan de rosca, el péndulo se viene de vuelta.
Dejen que los constituyentes le sigan cruzando palos a los rayos de la bicicleta cuando la entreguen, no andará. Y así nos quedaremos con la que teníamos que si bien no era perfecta, andaba y que podremos mejorar con el Congreso que tenemos.
La política pública de la tómbola buscaba justicia y se transformó en la peor de las injusticias. Buenos estudiantes han quedado sin ingresar, ingresan malos que luego ni asisten, quitándole el cupo a quienes tienen condiciones y querían estudiar. O quedan lejos de los lugares donde viven y luego no tienen medios para trasladarse y desertan o quedan separados de sus hermanos, un desastre y para qué hablar de la desmunicipalización de la educación, el sistema mixto de educación (subvención estatal y pago de apoderados) que logró subir significativamente el rendimiento de los alumnos, la izquierda lo eliminó. En vez de fiscalizar que el sistema funcionara bien en el 100% de los casos, prefieren nivelar para abajo. Ojalá las malas políticas públicas, se caigan antes de diseñarlas desde un escritorio, desconociendo los costos que tienen para las familias su implementación.
Al final todo cae por su propio peso, tenemos una rueda redonda que da vuelta y avanza y la quieren cambiar por una cuadrada, sin considerar que muchas veces lo mejor, es enemigo de lo bueno.
