Señor Director:

Las constituciones son, históricamente, el resultado de lo que Weber llamaba “proyectos de dominación exitosos”. El proyecto de Carta Magna que llevamos discutiendo hace cuatro años y se votará el próximo domingo, en medio de una crisis cuyo elemento principal es la polarización, es, en tal sentido, una “rareza”, tal como otros experimentos de nuestro pasado democrático. Por eso mismo, las unanimidades y amplias mayorías que se solicitan en abstracto son imposibles, porque la política es fluida y concreta y se refiere al poder.

Como otros muchos, por no decir todos, los que ayudamos a crear, consolidar y defender, de verdad y buena fe los fundamentos de la Constitución de 1980-2005, votaré decididamente A Favor.

La primera razón es que el texto de la Carta propuesto es bueno. Garantiza una sociedad libre con igualdad de oportunidades, en que los derechos sociales se consideran un medio, no un fin, ordenados al bien común (que es el bien particular obtenido en comunidad) a cargo de un Estado en forma que se hace cargo, de manera en avanzada, no tan sólo de las carencias y anhelos tradicionales, sino de las nuevas urgencias como son la seguridad pública, la reforma del Estado, la burocracia y el Sistema Político, la armonía entre ecología y desarrollo, la inmigración ordenada, el acceso general y efectivo a la salud, el respeto a la cultura campesina, la mayor eficiencia de la Justicia enfocada en la protección de las víctimas y la esencial igualdad de hombres y mujeres que, juntos,  construyen familia y nacionalidad.

La segunda razón es que, como toda elección, la del domingo es un hito político. Está claro que el voto En Contra se ha nucleado en torno al PC y el FA; y el A Favor es arco que va desde sectores de la centroizquierda a la derecha, pasando por el centro y la centroderecha. La opción A Favor inhabilita a los ex presidentes para reeditar sus candidaturas presidenciales. La opción En Contra, en cambio, las habilita. En una situación en que no abundan los liderazgos capaces de arbitrar, integrar y reunir; no sería raro (en consonancia con la regresión al ciclo 1980-2005) que el candidato presidencial de continuidad a la actual sea un ex o una ex presidenta. Por el contrario, la amplitud de fuerzas del A Favor debiera permitir una renovación urgentemente necesaria, selectas mediante primarias y primeras y segundas vueltas.

La tercera y última razón, es que la opinión pública, la gente común y corriente, el ciudadano con voto obligatorio, está verdaderamente hastiado de discusiones bizantinas, cortinas de humo, oportunismos y campañas de información tendenciosa cuando no de franca desinformación respecto a algo tan importante como es su Carta Fundamental, que no se condicen con el prestigio ni la seriedad de nuestra Patria. Es el momento de cerrar este proceso, bien, regular o mal abierto, y cerrarlo bien con un rotundo voto A Favor.

Alberto Cardemil Herrera. Ex Subsecretario del Interior, ex presidente de Renovación Nacional y ex presidente de la Comisión de Constitución, Legislación y Justicia de la Cámara de Diputados

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