Señor Director:

A medida que pasan los días, se van esclareciendo de a poco los diversos factores que nos llevaron al denominado «estallido social». Entre ellos -conforme a la publicación audiovisual de la encuesta CADEM Noviembre 2019- aparece algo que era inesperado: el sentimiento de soledad y la pérdida de comunidad. Salir a cacerolear o participar en una manifestación aparecen –bajo este prisma- como instancias para estar con otros, para compartir y combatir esa soledad, según declaraciones de los encuestados.

Cuando se trabaja con personas mayores, el tema de la soledad nos es familiar, pues llevamos casi 20 años aportando al bienestar de éstos, con el objetivode aminorarla, sobre todo en un país donde en el área de este grupo, no existe un instrumento validado para medirla.

Preocupa que ahora, cuando este sentir se amplía etariamente, no tengamos «el músculo entrenado» para lidiar con ella. Y no se trata en este caso de «remedios» materiales, sino culturales.

Vemos que pocas cosas nos unen hoy a las personas y quizás la con más fuerza o por lo menos la que «habla» un idioma más universal, parece ser la música. Pero ésta no cumple el rol de lo que otrora implicó, por ejemplo la religión, o una causa común. En nuestra labor con voluntarios aparece claramente que son los desafíos comunes, con relaciones de confianza, comunicación y participación los que principalmente dan sentido de pertenencia a las personas.

Y en el ámbito de la soledad, dada nuestra experiencia, recomendamos algunas claves que nos funcionan: acompañar, empatizar, integrar socialmente, y provocar encuentros intergeneracionales donde la experiencia de los mayores cumple un rol invaluable para la construcción de un futuro mejor.