Señor Director:
En medio de las distintas crisis que atraviesa Chile, Roberto Astaburuaga nos recordó en su columna el 14 de Julio, aquí en El Libero, que el Estado tiene el deber de fortalecer a la familia. Buscando complementar en lo posible su exposición, me gustaría hacer énfasis en algo que poco se habla en la discusión pública. Los beneficios comprobados del matrimonio, frente a las consecuencias negativas de la convivencia (civil o informal).
En primer lugar, es importante recordar que el matrimonio, como institución, antecede al Estado. Es decir, el Estado no crea el matrimonio: fueron los matrimonios los que crearon al Estado. Por tanto, este no puede redefinirlo a su antojo. Solo promoverlo, protegerlo y fortalecerlo. ¿Por qué? Porque homosexuales no reproducen nada, por ende, no hay descendencia ni futuro que legar.
Y hablando sobre descendencia, los niños criados dentro de un matrimonio tienen mayores probabilidades de terminar sus estudios, evitar la pobreza y mantenerse emocionalmente estables. Aumentan sus habilidades lectoras y matemáticas en un 8%, aumentan en un 14% la obtención de un título universitario y mejoran en un 7% sus ganancias laborales. Mientras un 11% de los niños en hogares con padres casados viven en pobreza, la cifra sube a un 47% en hogares con padres que conviven (Institute for Family Studies, 2021, 2018).
En salud, los matrimonios también superan a la convivencia. Los hombres casados ganan un 11 % más por hora que los solteros (St. Louis Federal Reserve), tienen un 26 % más de ingresos cuando se analizan gemelos idénticos (Journal of Labor Economics) y acumulan hasta 40 % más ahorro (IFS). Además, los casados presentan 49 % menos de riesgo de enfermedades cardiovasculares y 55 % menos de morir por un accidente cerebrovascular (NeuroscienceNews, 2023).
La convivencia, por su parte, tiene menor estabilidad y compromiso, con mayor probabilidad de ruptura en los primeros cinco años, especialmente cuando hay hijos (Journal of Marriage and Family, 2022). Las mujeres en convivencia presentan mayores niveles de ansiedad y síntomas depresivos (National Marriage Project, 2014). Se reportan mayores tasas de violencia intrafamiliar entre convivientes que entre matrimonios establecidos (Centers for Disease Control and Prevention). Los hijos de convivientes tienen peores resultados escolares, más problemas de conducta y menos habilidades socioemocionales, incluso comparados con niños criados por un solo padre viudo (IFS, 2019).
El punto es este. El matrimonio natural no es solo una tradición, es un acto público de compromiso, un ancla emocional, un escudo económico y un pilar de salud mental y social. Es la base más sólida para construir sociedades sanas y formar seres humanos estables, esforzados y prósperos. La convivencia, en cambio, ofrece comodidad sin compromiso; compañía sin certeza; y crianza sin estructura.
Pablo Ortiz Herrera – Periodista, autor, comunicador y emprendedor
