Señor Director:
A propósito de las reflexiones del Cardenal Fernando Chomali publicada en su medio: “Chile tiene una anemia aguda y se desangra frente al futuro”, coincido plenamente con su diagnóstico descarnado. Como país hemos llegado a palpar una realidad de tal bajeza, que repugna, con robos descarados en bulladas fundaciones, crímenes horrorosos, violencia y perversiones inauditas, mentiras, engaños e hipocresías a borbotones, y un sinfín de inequidades morales. Más aún, si agregamos el deterioro de la seguridad, salud y educación pública y economía, definitivamente, el deterioro es en casi todos los ámbitos que fundamentan a nuestra sociedad. La destrucción alcanza a casi la totalidad de lo que alguna vez tuvimos como aceptablemente bueno en nuestro país, y que tanto nos llenó de orgullo ser chilenos.
Enfocándome en esta oportunidad en la reflexión que Monseñor hace sobre el modelo socioeconómico y el lucro, pienso que errónea y penosamente (sin dudar de su buena intención) lo demoniza, cuando sugiere repensar para cambiar lo que ayer generó tanta riqueza al país, culpándolo injustamente de muchas de las inequidades morales que sufrimos hoy como sociedad.
La riqueza material para un país es una bendición si va acompañada de la riqueza espiritual. Y el sistema económico que ayer generó bonanza material y nos dio los años más prósperos de nuestra historia, hizo muy bien su trabajo, sin embargo, por desgracia los encargados de generar la necesaria e insustituible riqueza espiritual en las personas, fueron incapaces de lograrlo, como lo es la Iglesia, la familia, los colegios y las universidades entre otros.
La culpa de encontrarnos en una realidad pavorosa no la tiene el aparato económico ni el lucro que genera la riqueza material, sino que la tiene la pobreza espiritual de aquellos que no son capaces de administrar correctamente tal bonanza material.
La riqueza nunca ha sido un mal. ¿No es Dios el más rico de los ricos al ser el dueño de absolutamente todo?
Me parece que llegó la hora del gran desafío principalmente para la Iglesia Católica de generar aquellos bienes espirituales que en nuestra sociedad urgen para salir del abismo en que se encuentra. Más aún, creo que la Iglesia cuenta con todas las herramientas necesarias para cumplir con ese rol prioritario y encantar al ser humano de ir por la senda del bien, de la verdad y de la vida, con una fe a prueba de fuego y que mueve montañas.
M. Verónica Correa

Pero no solo la iglesia sino que todos y especialmente los que fuimos criados en el rigor y el esfuerzo,ya que hubo épocas en que en Chile campeaba la pobreza .Estás nuevas generaciones creo yo piensan que fue fácil, y no lo fue ,sacar al país de esos tiempos en que había gran mortandad infantil,niños que morían de hambre,etc..Tal vez no supimos transmitir a nuestros hijos los valores adecuados de honradez ,esfuerzo,trabajo duro ,y ahora vivimos creo yo en un caos espantoso que del cual no se como vamos a salir