Señor Director:

Vi el video del ataque a Carolina Tohá y lo primero que pensé fue: ¿en qué momento llegamos a esto? Más allá de las diferencias políticas, que son legítimas y necesarias en democracia, esto no se puede normalizar. No se trata solo de una agresión contra una candidata presidencial, sino de un golpe directo a la convivencia democrática.

Hace tiempo que el debate público dejó de ser un espacio de ideas y se convirtió en un terreno de trincheras. Redes sociales, discursos incendiarios y una polarización creciente han instalado la lógica de que el adversario político es un enemigo al que hay que destruir, en lugar de alguien con quien se puede disentir. Si seguimos por este camino, lo que hoy es un ataque verbal o físico puede transformarse en algo aún peor.

Es legítimo debatir con fuerza, incluso con dureza, pero nunca con violencia. No se trata de suavizar las discusiones ni de pedir que todos pensemos igual, sino de entender que la política se basa en argumentos, no en golpes ni amenazas. La violencia, venga de donde venga, no solo es inaceptable, sino que además nos aleja de cualquier solución real.

Hoy fue Tohá, mañana puede ser cualquiera. Si no queremos acostumbrarnos a esto, es hora de marcar un límite claro. Ojalá todos los sectores políticos condenen lo ocurrido sin dobles discursos. Porque la democracia se defiende con ideas, con palabras, pero nunca con agresiones.

Bastián González Campos

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