Señor Director:
Frente a la fuga de reos, los candidatos presidenciales han coincidido en algo: convertir la tragedia en una oportunidad de eslogan. Unos denuncian mediocridad, otros exigen sanciones, otros reclaman control. Y, sin embargo, ninguno se detiene a reconocer la raíz del problema: la verdad incómoda de un Estado incapaz de sostener su palabra.
La verdad no sirve de consigna: exige responsabilidad. No se acomoda a la coyuntura ni rinde en encuestas. Por eso incomoda tanto en campaña. Pero sin verdad, todo debate público degenera en ruido: frases hechas que brillan un día y se olvidan al siguiente.
Quizás la verdadera fuga no fue la de los delincuentes, sino la de la verdad, ausente del lenguaje político que debería custodiarla.
Kenio Estrela, académico investigador, Escuela de Filosofía, Universidad Finis Terrae

Ummmm, bien filósofo el escrito, no le entendí nada