Señor Director:
Me llena de emoción y esperanza observar la conmoción que ha generado la visita del Papa a España. Y cuando hablo de movilización, no me refiero únicamente al desplazamiento de miles de personas para verlo o escucharlo. Hablo de una movilización mucho más profunda: la de los sentimientos, las reflexiones, las dudas, las alegrías y las esperanzas.
En una época marcada por el materialismo, la inmediatez y el ruido permanente de la política, resulta revelador comprobar que la fe y la búsqueda espiritual siguen ocupando un lugar central en el corazón humano. La respuesta de tantos ciudadanos demuestra que existen anhelos que trascienden lo superficial y que continúan dando sentido a nuestras vidas.
Ver esta reacción en España, una nación que muchos percibían adormecida entre los excesos de la modernidad y el desencanto cultural, invita a mirar el futuro con optimismo. Nos recuerda que es posible una mejor España, una mejor Europa y, por qué no, un mundo mejor.
Porque, al final, las raíces importan. La identidad importa. Y la dimensión espiritual del ser humano siempre encuentra la manera de abrirse paso. La historia cambia, las sociedades evolucionan, pero aquello que conecta al hombre con lo trascendente permanece. Y cuando eso ocurre, la esperanza vuelve a hacerse presente.
Lucy Depablos – Presidente Fundación LIP
