Señor Director,

Ha muerto recientemente Jorge Tocornal Babra, a quien no conocí, pero supe de su historia.

Asistí a su misa fúnebre movido por el impulso irresistible de querer solidarizar con un inocente que pagó con cárcel -y también con su vida- los errores de una justicia nada ciega, necia e injusta, que le condenó con la espada de una prueba testimonial que resultó ser completamente falsa, como logró demostrarse finalmente.

Su trágica y dolorosa experiencia, ha quedado plasmada en su libro autobiográfico “Tocornal, la hora de la verdad”, que me dispongo a leer próximamente.

En el intertanto, pude conocer más sobre su vida en una entrevista que le hizo el conocido historiador Alejandro San Francisco, y en la que Jorge Tocornal relata pasajes conmovedores de lo que fue su calvario. 

Me impresionó la entereza y la resiliencia con que este hombre narra, en la citada conversación, episodios agobiantes de lo que fueron sus años de cautiverio, y muy especialmente aquel relato donde asevera que renunció al beneficio de una libertad anticipada que se le ofreció en su momento, porque aquello suponía reconocer algo que jamás había cometido, optando por cumplir íntegramente la dura e injusta pena que se le impuso durante más de una década a la espera de conseguir la prueba que lo exculpara, la que finalmente llegó cuando quedó al descubierto la vil mentira en que se basaba la acusación que le demolió su existencia, pudiendo saborear entonces -en resignada paz y sin quebranto alguno- ese anhelado reencuentro con su hijo, llevándose a la otra vida aquel abrazo, como prenda de eternidad.

Resultó estremecedor el testimonio de su hijo en la conmovedora misa del funeral de su padre.

No son pocos los que han quedado al debe con este infortunado hombre. Por de pronto, fiscales inmisericordes que se dejaron llevar por el vértigo vanidoso de lo mediático para hacer de este caso un festín, convenciendo a todo un país -con la complicidad de cierta prensa escandalosa- que se estaba en presencia de un poderoso, de un abusador, al que incluso llegó a privársele del sagrado derecho a defenderse en estrados. Al decir suyo, en los expedientes judiciales consta lo aseverado. 

Dura interpelación para nuestro sistema procesal penal.

Jueces y ministros de Corte que sucumbieron a la presión mediática a la hora de administrar justicia con objetividad acuciosa, y que también se dejaron llevar por el ambiente con que los medios de comunicación motejaron el caso, y en donde la presunción de inocencia le fue vulnerada  hasta el extremo. Prevaleció ante todo el vil encono del persecutor, y una desidia aparejada del sentenciador, con excepciones virtuosas que el entrevistado reconoce hidalgamente en su relato.

Llegada la hora de la verdad, fiscales y jueces callaron, ni qué decir los medios de comunicación acusadores, en un silencio culpable propio de una complicidad siniestra.

Jorge Tocornal en la aludida entrevista afirma con rectitud y hombría de bien que escribió este libro como señal de advertencia, para que nadie jamás sufra lo que él debió padecer.

Saquemos lecciones de este terrible episodio que será emblemático en la historia judicial chilena.

Se trató de un caso que a todas luces estará remeciendo la conciencia de muchos en esta hora.

Al concluir las exequias, se lanzaron al cielo globos blancos y negros. 

Imaginé mientras se elevaban, que los blancos llevaban a lo alto la blancura de su inocencia; y que los negros, cargaban con el peso de la ignominia de una justicia que a Jorge Tocornal le fue esquiva y cruel.

Carlos Bombal Otaegui

Participa en la conversación

5 Comments

  1. Señor Director:
    Son miles los Jorge Tocornal Babra entre los militares y carabineros.
    Ellos son las víctimas sacrificiales de todos los pecados cometidos en una época trágica y turbulenta, con las que tratan de esconder y de lavar sus culpas los políticos que exacerbaban el odio y la lucha de clases; que predicaban y practicaban la violencia como un medio legítimo para alcanzar el poder; que pretendían instaurar en Chile un régimen totalitario marxista al estilo cubano; que destruyeron la economía y la democracia; que condujeron a Chile a la anarquía y desataron una situación de guerra civil y que son los grandes responsables del quiebre del orden institucional y de los dolores que sufrieron sus seguidores.
    Los militares y carabineros condenados en las causas de derechos humanos son inocentes de los delitos que les han sido imputados, están libres de culpa o exentos de responsabilidad criminal; y lo han sido vulnerando sus derechos humanos al debido proceso y a la igualdad ante la ley, sobre la base de ficciones jurídicas o por sentencias dictadas contra leyes expresas y vigentes, y sin pruebas que acrediten, más allá de toda duda razonable, que realmente cometieron el hecho punible y que hayan tenido una participación culpable y penada por la ley.
    Tales servidores de la patria son víctimas de una persecución política que es llevada a cabo en sede judicial prevaricadora la que, junto con el afán de desprestigiar a las Fuerzas Armadas y a Carabineros y de restringir o impedir el uso legítimo de la fuerza, busca la destrucción moral o neutralización de tales instituciones con el propósito de que no puedan oponerse, con éxito, a una nueva asonada revolucionaria como la del año 2019 que forma parte del proceso insurreccional en curso, con el que se pretende establecer en Chile un régimen totalitario al estilo de la RDA, Cuba o Venezuela; persecución se ve incentivada por poderosos intereses económicos.
    Adolfo Paúl Latorre
    Abogado
    Magíster en ciencia política

  2. Pareciera que hoy la justicia no funciona. Cualquier proceso es largo, burocrático, poco transparente, lento, ineficiente, poco efectivo. La justicia se ahoga en el tiempo en burocracia, cuando el sentido común a uno le dice que la probabilidad de hacer justicia tiende rápidamente a cero cuando pasa el tiempo. Evidentemente existen casos complejos, pero el 80/20 no se equivoca cuando hablamos de robos, violencia, estafas, etc. El tiempo elimina evidencias, permite escabullirse, esconderse, los detalles se van olvidando, y los malvados tienen tiempo para articular explicaciones creíbles. La doctora Polo con 100% de seguridad lograría una mejor justicia que nuestro sistema. Mientras tantos los abogados defienden su fuente de trabajo. El gato cuidando la pescadería. Tal vez sería hora que pongan a profesionales de otras disciplinas orientadas a la gestión de efectividad, eficiencia, y beneficios, a rediseñar nuestro sistema de justicia.

    Que descanse en paz otra víctima de nuestro sistema.

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.