Señor Director:
Con mucho pesar, le informo que he perdido más del 90% de mi cartera. Vivimos en un país invadido por ideologías, donde los derechos parecen prevalecer sobre las obligaciones. Los inmigrantes disfrutan de privilegios que ningún chileno de clase media ha tenido en su propio país. Esta situación ha llevado a que el conocimiento se socialice casi como una herramienta de marketing, generando una promiscuidad intelectual y social propia de la globalización. Este fenómeno se ha diseminado con la rapidez de un cáncer, ya que, al igual que el SIDA, ha dejado de ser un tema de discusión.
Hoy, las personas que se consideran diferentes tienen derechos que superan los de cualquier ciudadano chileno, quienes a menudo son considerados ciudadanos de segunda clase, incluso si no han convalidado sus estudios ni pertenecen a ninguna asociación gremial, y ejercen la profesión sin más preámbulos.
En la actualidad, cualquiera puede realizar contabilidades, confeccionar y firmar informes financieros, independientemente de si son contadores, colegiados, residentes o si cuentan con las credenciales necesarias. Utilizan sistemas de mercado que generan automáticamente toda la información. Además, la entidad fiscalizadora del SII ha menospreciado el rubro, desprestigiando la profesión al punto de convertirla en un oficio y promoviendo un enfoque de «hágalo usted mismo».
Con todo lo anteriormente expuesto, me he visto en la obligación de cerrar técnicamente mi oficina, vender mis activos y despedir a los ocho colaboradores que llegué a tener en mi estudio. Hoy, los referidos ya no son garantía de ventas; es necesario realizar una inversión significativa y permanente en marketing y comunicaciones para captar clientes al menor precio posible.
Además, es imprescindible contar con más personal para controlar, supervisar y mantener el trabajo remoto. Nos encontramos inmersos en un desorden y caos tal que incluso tus colaboradores se llevan a tus clientes. No hay moral ni respeto por nada ni por nadie.
Actualmente, existen más regulaciones y exigencias que dignifican la labor de un administrador para gestionar comunidades de edificios que para realizar contabilidades, cerrar balances, determinar un capital propio o un RLI y sus registros empresariales, todo al menor costo posible, lo cual es insostenible. La empresa privada y las pymes técnicamente no requieren de un tributario hasta que el SII los fiscaliza, notifica o cita.
Según algunos especialistas en administración y finanzas, «la falta de regulación en el ámbito contable ha llevado a una devaluación de la profesión, donde cualquier persona puede autodenominarse contador sin tener las credenciales adecuadas» . Esta situación es alarmante y pone en riesgo la calidad de los servicios ofrecidos.
La necesidad de establecer un marco regulatorio más estricto es evidente. La contabilidad no solo debe ser vista como una tarea administrativa, sino como una profesión que requiere de un conocimiento profundo y especializado. Consultoras en finanzas señalan que, «la contabilidad es el lenguaje de los negocios, y su correcta aplicación es fundamental para la sostenibilidad de cualquier empresa» .
Carlos Acuña Rodríguez
