Señor Director:
Este primero de abril se cumplieron 33 años del asesinato de Jaime Guzmán Errázuriz. Una fecha que para muchos es un día de mucho dolor, pues nos han quitado al mejor de los nuestros, para otros (no sólo frentistas) el día en que lograron tener un camino expedito sin alguien que les hiciera frente.
Mucho se ha escrito sobre la vida de Guzmán, de su legado, de su partido y, también, del día de su asesinato. Sin embargo, me gustaría esbozar en estas líneas que ese vil asesinato fue impulsado por un odio y un temor irracional, tan propio de quienes no siguen el camino de la fe. El odio por Guzmán no sólo era una envidia profunda por su intelectualidad y su gran habilidad política, sino que era un resentimiento desde las entrañas al ver los éxitos, aún palpables, de las acciones del senador.
El caso de Guzmán es la verdadera cara moral de la izquierda, pues a sus ojos para Guzmán y su familia no debe haber verdad, justicia y reparación. Sin embargo, Jaime Guzmán sigue estando muy presente en la contingencia nacional, más allá de los seguidores de su ejemplo político, porque fue capaz de construir los cimientos de los principios del orden social que hoy nos cobija, principios que debemos defender con la misma ilusión de la primera hora.
Esta fallida acción de asesinar a Guzmán, hoy con más fuerza que nunca vemos que no logró su fin, pues vemos cómo los chilenos añoran y valoran fielmente una democracia con instituciones fuertes, un Estado eficiente con mirada subsidiaria, soluciones de particulares a problemas públicos, sobre todo, una institucionalidad ordenada.
A 33 años del asesinato aún queda mucho por hacer con las ideas siempre vigentes de Jaime Guzmán, seguiremos manteniendo viva su misión: formar jóvenes para transformar Chile.
Alonso Rivera, Nuevas Generaciones UDI

Excelente
Tan sólida fue la obra del senador Jaime Guzmán Errázuriz que la Constitución que él propició y logró que los chilenos aprobáramos en 1980, no pudo ser desmantelada luego de dos plebiscitos con gran participación ciudadana. La columna vertebral de esa Carta Magna aún nos rige.
Además, este brillante abogado e implacable polemista no solo brillaba como intelectual y político, también era un gran comunicador, sagaz, siempre bien informado, ocurrente y hasta divertido, como lo demostró en los medios de comunicación. Muy joven, destacó como la gran figura del señero programa político «A esta hora se improvisa», de Canal 13 en los años 70, y en cada uno de los espacios no políticos de conversación en que participó, en todos los canales de entonces. El último fue «Lo mejor, conversar», dirigido por Gonzalo Bertrán y moderado por Javier Miranda en Canal 13, semanas antes del magnicidio que le arrancaría la vida. Esa noche, en mi labor de periodista de La Tercera, pude compartir y conversar informalmente con el senador mientras esperaba su momento para integrarse al panel de conversación. Siempre he lamentado no haber grabado ese diálogo.
Felicito al joven Alonso Rivera, autor de la carta que causó mi comentario.