Señor Director:

Desde hace un tiempo se ha visto en las redes sociales como ha crecido un sector político “religioso” con nombres como “Cristianos por (el candidato izquierdista del momento)”, “Izquierda Cristiana”, “Cristianos Pro-LGTB”, “Cristianos Pro-Aborto” y otros tipos más de pseudos cristianos. Sus adherentes dicen ser cristianos, pero simpatizan abiertamente con la justicia social, el socialismo, el comunismo e incluso el marxismo. Parte del problema es que la gente cree que con el solo hecho de pensar que están a favor de dos posturas contrapuestas, mágicamente logran que la lógica y la honestidad intelectual desaparezcan, dando espacio a una tercera vía. Esto me recuerda a esas personas que creen poder tapar una fuja de agua usando cinta adhesiva… Solo demuestran su ignorancia.

Creer que el cristianismo y el marxismo, comunismo o socialismo son compatibles, no solamente es teológicamente insostenible, sino que es intelectualmente deshonesto y una clara distorsión del mensaje Bíblico. Jesús mismo dijo, “nadie puede servir a dos señores, pues menospreciará a uno y amará al otro o querrá mucho a uno y despreciará al otro”. En tanto la izquierda “cristiana” se dice compartir los valores religiosos, la verdad es que sirve completamente a su ideología y desprecia las verdaderas enseñanzas de Cristo.

Mientras que el marxismo proclama a la desigualdad económica como el problema de la humanidad, el cristianismo enseña que el mal está en el pecado en el corazón humano. Mientras el comunismo prohíbe la libertad religiosa, destruye Biblias y persigue cristianos, el cristianismo predica que solo en Jesús hay libertad. Mientras el socialismo propone que la salvación viene del Estado redistribuidor, la Biblia enseña que la salvación viene de Dios.

Si fueran teológicamente conocedores, o por último intelectualmente honestos, sabrían que la Biblia enseña a no favorecer al pobre por ser pobre o complacer al rico por ser rico. Que los jueces deben juzgar con imparcialidad. Que ser generosos es una decisión personal y voluntaria, no una obligación impuesta de manera colectivista. Sabrían que Jesús no buscaba a los marginados por su condición, sino por una disposición humilde a arrepentirse y dejar sus pecados. Que Jesús no estaba en contra de los ricos por tener dinero, sino porque amaban e dinero (así como también existen pobres que aman el dinero). Y que tampoco estaba en contra de los fariseos por ser religiosos, sino porque eran hipócritas.

Jesús no predicó un mensaje de revolución social para lograr cambios institucionales. Él predico un mensaje espiritual, que transforma desde lo personal, llegando (por sus frutos) a permear lo político y social. Tratar de presentar a Jesús como un revolucionario izquierdista, como un activista de la justicia social o como un ícono de igualitarismo, además de ser un error de exégesis, es una distorsión total del evangelio cristiano.  

Pablo Ortiz Herrera – Periodista, autor, comunicador y emprendedor.

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