Señor Director:
Hay dos temas que cabe destacar respecto de lo que ha pasado en Venezuela estos días. Primero, es importante recordar que lo que está pasando en Venezuela no es reciente. Está muy bien que autoridades actuales cambien (y enderecen) su opinión respecto de Maduro, pero es sorprendente que no lo hayan visto desde mucho antes, incluso desde Chávez.
Chávez fue un demagogo déspota que expropió empresas, intervino medios de comunicación y, lo más grave, cambió las reglas del juego para perpetuarse en el poder. Sentó las bases para que llegara un dictador como Maduro.
Maduro tampoco fue un santo hasta estas elecciones. Ha ejercido violencia política, encarcelado opositores, violado los derechos humanos y mantiene su apoyo a punta de populismo y miseria del pueblo.
Es de tontos o necios no querer ver la evidencia cuando muchos lo advirtieron. El único consuelo es que es peor el que no es capaz de cambiar de opinión y sigue defendiendo lo indefendible por una pulsión identitaria.
Segundo, es clave entender que lo burdo de las elecciones amañadas por la dictadura en Venezuela tiene que tener repercusiones en Chile. No es posible un gobierno con dos líneas tan diferentes en el corazón de La Moneda. El Partido Comunista -que cogobierna en Chile- simplemente no tiene credenciales democráticas suficientes y es insostenible que se mantenga en el poder junto al Socialismo Democrático y junto a Boric que sí es un demócrata. Mantenerse juntos es hipocresía o simple ansias de poder. Es más (y más importante) lo que los separa que lo que los junta.
Jorge Fantuzzi
