Señor Director:
Estando ya en el mes de la patria, me permito transcribir lo escrito entre 1879 y 1881 en su libro “Diario de Campaña”, por el militar y después diplomático Alberto del Solar Navarrete. Al referirse al General Baquedano expresa lo siguiente:
“El general Baquedano -ya ilustre- no perdía un segundo. Recuerdo haberlo visto aproximarse muchas veces a nuestras tiendas de campaña para observar de cerca a los soldados en medio de sus propios pabellones, y poder así examinarlo todo personalmente, dirigiéndonos investigadoras preguntas, con aquella dicción entrecortada que caracterizaba su lenguaje. El tono empleado era grave y paternal a la vez; severo y sencillo, culto; pero sin apelación. Llegado el caso de censurar, acostumbraba a poner término a sus desaprobaciones con un movimiento de mano, seco, breve y cortante como el ‘punto’ agudo de clarín con que el corneta remata el toque de ‘atención’. Aquel gesto peculiar suyo -especie de contundente ‘he dicho’- resultaba para nosotros mucho más eficaz que la soez interjección o el feroz puntapié con que el ilustre generalísimo de los ejércitos bolivianos D. Hilarion Daza, solía finalizar sus reprimendos militares en el seno de los suyos. Nuestro querido general, no sólo gozaba entre nosotros de la reputación de bondadoso, activo y energético, sino también de la de sobrio, sobrio hasta la intransigencia. Matinal, como ninguno, se le veía constantemente en movimiento, ora a caballo, ora a pie. Su rostro, tostado por el sol, hacía hermoso contraste con el blanco de sus canas, semicubiertas por un kepis de irreprochable corte, sobre el cual -bien así como sobre las presillas del uniforme- habían adquirido los bordados esa noble pátina que el tiempo, la intemperie y el humo de las batallas logran comunicarles, cuando el oro que ha entrado en su confección es de buena ley. Y tratándose del general Baquedano, puede decirse, sin temor de equivocarse, que no sólo en las insignias exteriores del vestuario, sino dentro del propio corazón, no lo habría admitido él sino de los más altos quilates”.
Parece haber llegado el momento de no dilatar más su retorno a la plaza que lleva su nombre, de la cual nunca debió salir. Las autoridades tienen la oportunidad de corregir el mal causado.
Andrés Montero J.

En relación con lo dicho por Andrés Montero sobre el general Baquedano y la plaza que lleva su nombre —pero que en la actualidad con el plinto vacío debería denominarse «plaza de la ignominia» o «plaza de la cobardía de un pueblo amedrentado por la violencia” (como ha dicho Miguel Ángel Vergara Villalobos)—
cabría comentar que el monumento en honor al general Manuel Jesús Baquedano González —principal líder del ejército chileno durante la Guerra del Pacífico— fue construido por erogación popular. Más de 150.000 personas aportaron dinero para ello, cuando la ciudad de Santiago tenía 300.000 habitantes. La escultura, obra del escultor chileno Virginio Arias, fue inaugurada el 18 de septiembre de 1928. A los pies del monumento, en una cripta conocida como “Tumba del Soldado Desconocido” se hallaba el cuerpo momificado de un joven chileno de entre 15 y 17 años de edad —encontrado en el “Campo de la Alianza”, donde tuvo lugar la Batalla de Tacna— que fue parte del batallón Cívico de Artillería Naval. En una placa conmemorativa de la cripta, inaugurada en el año 1931, se lee “Aquí descansa uno de los soldados con que el general Baquedano forjó los triunfos del heroísmo chileno”. El monumento era un verdadero “panteón de la patria”; un homenaje a los soldados de la Guerra del Pacífico y simbolizaba el sacrificio de miles de chilenos.
Comparto lo dicho por Andrés montero en el sentido de que «parece haber llegado el momento de no dilatar más su retorno a la plaza que lleva su nombre, de la cual nunca debió salir».
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
Magíster en ciencia política
Ruego disculpar el gazapo en el último párrafo, al escribir la letra inicial del apellido Montero con letra minúscula.
Adolfo Paúl Latorre
Con el retiro de la estatua erigida en homenaje al general Manuel Baquedano y al soldado desconocido se quiere hacer olvidar lo que Chile ha sido y destruir el alma nacional.
Un pueblo que olvida su historia, que destruye sus símbolos, las estatuas de sus héroes patrios y que desprecia sus tradiciones es como un cuerpo sin alma.
Adolfo Paúl Latorre
No esperen que la porquería de gobierno actual instale nuevamente a Baquedano en su lugar. Tampoco un gobierno de la derecha cobarde. Hará falte alguien como Milei, pero Chile no se lo merece.