Señor Director:
Con sorpresa leo en El Mercurio el siguiente titular «Custodia compartida» de mascotas tras separarse sus dueños. Suprema es favorable a regular, pero advierte recarga de juzgado de familias.
No será muy extremo hasta donde ha llegado la devoción a los animales y la transfiguración de valores por no decir la falta de claridad respecto de las realidades y prioridades.
Ya me había contado un decano de universidad que su hijo vivía con su pareja porque ya muchos no se casan, ni tienen hijos y que él tenía un perro y ella un gato, como pareja, se avenían y querían profundamente, pero sus mascotas nada y sometieron a sus animalitos a tratamiento psicológico y psiquiátrico con fármacos para resolver los problemas de convivencia de sus «niños», porque ninguno estaba dispuesto a renunciar, ni a su perro, ni a su gato.
Creo que todo, hasta la tontera, tiene límites. No puede ser que los animales se estén priorizando por sobre los seres humanos, incluidas, las lagartijas, las arañas, los sapos y hasta las almejas. Sufren por, echarle limón a una almeja, pobrecita cómo, se retuerce y nada por un aborto.
Ya estamos llegando a perder la cordura y al límite de la locura, hasta la tontera tiene límites. ¿No será mucho?
Josefina Sutil Servoin

Lamentablemente, no hay límite para la tontería humana. Sobre todo aquella para la que no hay diagnóstico médico.
No hay límites para una generación de vagos, no todos obvio, que vivieron en el mejor Chilende su historia, lo destruyeron o trataron de destruir, recibieron de todo, y hoy se preocupan de luchas, ratones y zancudos, más no de sus padres y abuelos que les dieron todo. Creo que sus vejez será miserable, el que siembra cosecha………..
Lo peor de esta situación es que en un tribunal civil se está considerando que la relación entre seres humanos y animales de compañía es similar a una relación padre-hijo. Y eso es simplemente locura.