Señor Director:
Más allá de la polémica, el biocentrismo exhibido por el diputado del Frente Amplio, Jorge Brito, a propósito de su indicación en la tramitación de la nueva Ley de Pesca -sugiere “respetar el estado físico y mental del animal sintiente”- presenta un par de interrogantes éticas de consideración. De aprobarse, significaría que los peces gozarían de un estatuto de protección de mayor entidad que los seres humanos, trastocando no sólo la visión antropocéntrica en la que se sustenta nuestro régimen democrático, sino que también poniendo en riesgo la cohesión social basada en la compasión y el respeto mutuo entre seres humanos. Este enfoque podría llevarnos hacia un especismo inverso que, en lugar de promover la igualdad y el bien común, podría generar nuevas formas de discriminación y desequilibrio social. Es imperativo que, al legislar, se considere cuidadosamente el impacto ético y social de dichas medidas para garantizar una convivencia comprensiva y equitativa entre todas las formas de vida.
Carlos Opazo. Abogado y académico
