Señor Director:

El embajador de Chile en los Estados Unidos, a pesar de su rol de embajador de Chile y no del Presidente -como afirmara en El Mercurio- ha hecho un hábito utilizar la red X para hacer propaganda política. Valdés parece olvidar o si lo sabe, quiere provocar, al difundir mensajes de apoyo a sus compañeros de coalición o a causas progresistas. También ha tomado partido en las elecciones de Estados Unidos, lo que no es aceptable.

Valdés es socialista profundo, a pesar de haber vivido toda su vida entre el lujo y la comodidad. Admira a Salvador Allende, socio de Fidel Castro y de la órbita soviética, responsable de la muerte de millones de inocentes en distintos lugares del mundo. También fue gran admirador de la revolución cubana. Valdés ha vivido parte importante de su vida fuera de Chile, deambulando entre la ONU, la OEA, la Cepal y otros organismos internacionales. En esas entidades no se pagan impuestos.

Actualmente, como embajador, recibe un salario que proviene del presupuesto de la nación, el cual financiamos todos los contribuyentes chilenos. La diplomacia es el arte de la prudencia y del criterio. En el entorno diplomático local, su soberbio estilo genera reacciones negativas, sumado a sus indisimuladas acciones tendientes a buscar fórmulas para permanecer siempre en “el sistema”. Bachelet a la secretaríaa general de la ONU, por ejemplo.

El embajador Valdés parece no entender algo muy básico, pues al ser embajador se obliga a comportarse con prudencia, a callar en determinadas materias y a ser neutral en temas sensibles que dividen a Chile. Todos ya sabemos -pues lo ha repetido centenares de veces- que odia al general Augusto Pinochet y al gobierno militar y que admira profundamente al gobierno del marxista Salvador Allende. Aunque usted no lo crea o le moleste, después de 51 años, hay millones de chilenos -que con sus luces y sombras- admiran al gobierno militar chileno.

Los eventos de Cuba, Venezuela y Nicaragua añoran líderes capaces de derrocar a los criminales que tienen secuestrados a los habitantes de esos tres países. Pero mi interés en este texto no es discutir con el señor Valdés, no ganaría nada. Solo le quiero recordar que usted hoy es embajador de Chile y debe comportarse como tal. En 2014, a propósito de un exabrupto del embajador de Chile en Uruguay, el canciller Heraldo Muñoz envió a los embajadores lo siguiente: «Los diplomáticos chilenos no deben involucrarse en la política activa y emitir opiniones públicas que pueden afectar al Estado, al gobierno y además limitar la eficacia misma de su desempeño. Por ello, en lo sucesivo nuestros representantes diplomáticos y consulares se abstendrán de hacer declaraciones o publicar artículos referentes a la política interna de Chile y, ciertamente, a la de los Estado ante los cuales se encuentran acreditados». 

Parece que Valdés se manda solo. Sus mensajes de división, de análisis sesgados y de odio, guárdelos para más adelante. Su misión termina en menos de dos años, pues el gobierno que usted admira tiene un 30% de apoyo popular y un nuevo embajador prudente y de Chile, asumirá en su cargo.

Andrés Montero J. – Ingeniero Comercial U. de Chile. Master of Arts – The Fletcher School

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1 Comment

  1. Excelente y valiente exposición de lo que «debe ser» cuando se ejerce un cargo, pagado por todos los chilenos, en forma decente y honorable. El
    señor Valdes se caracteriza por ser prepotente, desubicado y altanero, sin tener brillo, inteligencia ni logros que pudiesen justificar de alguna manera esos defectos y pecados capitales

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