Señor Director:
Durante las últimas diez elecciones, he tenido el privilegio de desempeñarme como vocal y presidente de mesa, un trayecto que inició como voluntario en 2020 y evolucionó hacia una designación por deber cívico. A lo largo de estos cuatro años, he adquirido una valiosa experiencia en el proceso electoral, lo cual me ha permitido comprender a profundidad los desafíos y las oportunidades que este proceso implica.
La motivación que me lleva a redactar esta carta es mi profunda preocupación ante la propuesta del gobierno y el Servicio Electoral (SERVEL) de llevar a cabo las elecciones municipales y de gobiernos regionales del presente octubre en dos jornadas.
En primer lugar, deseo destacar el riesgo evidente de fraude que podría surgir de esta decisión. Varias personas públicas han señalado como ejemplo la sustracción de computadores, cajas fuertes e información privilegiada de lugares altamente seguros en nuestro país. Si bien se argumenta la imposibilidad e imparcialidad de manipular una urna de votos, desde mi experiencia como vocal, debo señalar que una vez que la caja con los votos es entregada, esta desaparece del escrutinio público y queda bajo la responsabilidad de un grupo reducido de personas designadas. No es infrecuente observar que durante la jornada la urna suele permanecer visiblemente accesible y prácticamente intocable en todo momento. No obstante, al llegar la noche, esta percepción cambia, ya que solo aquellos “privilegiados” tienen acceso a ella. Esta situación plantea —al menos— una legítima y válida inquietud acerca de la transparencia y la visibilidad del proceso electoral.
En segundo lugar, la fidelidad de los votos también está en juego. En ocasiones, durante las horas de menor actividad en las mesas electorales, es posible que no haya suficiente supervisión en las cámaras secretas. Esto es especialmente preocupante en sectores populares donde las mesas no están adecuadamente controladas y los vocales podrían tener grandes sesgos políticos que afecten su imparcialidad. La posibilidad de que se incorporen votos de manera fraudulenta en una jornada de elecciones ya es un riesgo palpable; imagínense tan solo en dos jornadas, este riesgo se incrementaría considerablemente.
Por último, quiero resaltar la importancia crucial de los apoderados de mesa en el proceso electoral. Estos representantes juegan un papel fundamental en la supervisión y fiscalización de cada etapa del proceso, ayudando a prevenir errores y garantizar la integridad de los resultados. La distribución de votaciones en dos días requeriría un aumento significativo en la cantidad de apoderados de mesa, especialmente considerando que muchos de ellos son personas de edad avanzada. Esta situación plantea desafíos serios y podría comprometer la eficiencia y efectividad del control electoral para todos los sectores.
En resumen, aunque la idea de distribuir las elecciones en dos jornadas podría tener ventajas logísticas, como la descongestión de los locales de votación y ayudar en la votación de las papeletas, debemos ser conscientes de los riesgos que esto conlleva en términos de transparencia y control electoral. Basándome en mi experiencia y compromiso democrático, insto a las autoridades a reconsiderar esta propuesta y garantizar que las elecciones se lleven a cabo de manera íntegra, transparente y segura en una sola jornada.
Para tomar decisiones fundamentadas, es esencial evaluar meticulosamente tanto los aspectos positivos como los negativos, realizando un análisis casi matemático para determinar cuál tiene un peso mayor. Al considerar de manera objetiva la dinámica de estas elecciones, en mi opinión, es evidente que existen más riesgos y dudas, qué garantías sólidas de transparencia electoral.
Matías Álvarez Adriasola

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