Señor Director:
Antoni Gaudí decía que “la belleza es el resplandor de la verdad”. Contemplando la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona tomo conciencia de la magnitud de la obra de ingeniería que este templo expiatorio supone. Además, no puedo evitar preguntarme por el sentido y el valor que tienen las denominadas ciencias duras en la vida humana. ¿Qué sería de nuestras vidas sin ellas? ¿Cómo podríamos organizar nuestras existencias sin su invaluable aporte? ¿Qué sería de nuestra cultura si no las financiáramos adecuadamente, incluso becando a los alumnos para que las estudien?
Y fue entonces, frente a esa belleza incapaz de ser reducida a números que es esta gran obra del genio y del espíritu de Gaudí, cuando descubrí que ninguna ecuación, ninguna fórmula, ningún algoritmo, podría responderme esas preguntas, sino sólo una reflexión profunda y meditada sobre la naturaleza humana, la que permita relacionar a la persona con el todo, con el sentido último de las cosas, tal como lo hace la Filosofía, la Literatura o el Arte. Sin estas Humanidades no sólo no es posible elevar la cultura de la gente, haciéndola más humana, sino que ni siquiera es posible valorar la importancia que tienen la física, la matemática, la química, entre otras ciencias duras, para la propia vida humana.
Grande fue mi tristeza cuando un buen amigo profesor me contaba desde Chile, que por aquellas tierras las están cuestionando diariamente, siendo que en realidad son ellas las que permiten dar razón fundada del valor que tienen las mismas ciencias. No apoyarlas es hundir también la ciencia y la cultura.
Mariano Bártoli P. – Universidad Abat Oliba CEU, Barcelona. Profesor invitado Facultad de Psicología y Humanidades, U. San Sebastián

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