Señor Director:
El decidido, entusiasta y necesario apoyo del gobierno del Presidente Kast al rodeo chileno ha revivido algunos cuestionamientos hacia esta noble y tradicional actividad deportiva.
Desde luego, quienes lo hacen desconocen que el rodeo chileno es una tradición profundamente arraigada en nuestra cultura e identidad nacional. Más allá de la competencia, representa historia, trabajo en el campo y un vínculo entre generaciones que han preservado estas costumbres.
A diferencia de las corridas de toros en España, donde el objetivo final implica la muerte del animal, el rodeo chileno se centra en una destreza controlada que no busca sacrificar al ganado. Esta diferencia es relevante al momento de debatir sobre bienestar animal, ya que el rodeo, adecuadamente regulado, puede desarrollarse con estándares que reduzcan el daño y prioricen el trato responsable.
Resulta injusto que algunos intenten caricaturizar el rodeo chileno reduciéndolo a una visión simplista o desinformada. Estas miradas suelen ignorar tanto su contexto cultural como los esfuerzos por modernizar y regular su práctica. Un debate honesto exige reconocer matices y evitar juicios apresurados que no contribuyen a una comprensión real del tema.
Asimismo, es importante invitar a quienes lo critican desde la ignorancia a informarse antes de emitir juicios categóricos. Conocer su historia, sus reglas y las mejoras que se han impulsado en materia de bienestar animal permite construir opiniones más justas y un diálogo más respetuoso.
Defender el rodeo es también valorar el patrimonio cultural que forma parte de lo que somos como país, promoviendo su evolución hacia prácticas cada vez más éticas sin perder su esencia.
Francisco Orrego Bauzá

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Muy de acuerdo con el Señor Orrego. Por usar un término de moda, el “ecosistema del Rodeo Chileno” es impresionante y a la vez emocionante. Nada ni nadie le hará perder el arraigo que este tiene en el mundo campesino.