Señor Director:
Hace ya varios años que jóvenes que estaban en las FF.AA. en el año 1973, están sufriendo distintos abusos con motivo del Pronunciamiento o Golpe Militar, como quieran llamarle. Esos fueron tiempos difíciles, muy oscuros y en distintos momentos y lugares de nuestro país.
Los culpables -de uno y otro lado- ya murieron, pero sus descendencias han seguido culpando y apresando a los que en esa época usaban uniforme. Esas personas tenían 18, 20 o 22 años y ahora son adultos mayores, muchos enfermos, cansados y solos. Hay presos que no saben por qué están en esos lugares, alejados de los suyos. ¿No podremos parar esta pesadilla? ¿No podemos ver que ahora hay familias, mujeres y niños que sufren porque sus maridos, papás y abuelos están cargando el pecado de muchos otros?
¿Qué nos ocurre como chilenos? ¿Se puede entender que algunos llevan 20 o más años de juicio, cumpliendo con arraigo nacional, con firma mensual en los tribunales, con sus antecedentes manchados y por ende con dificultades para trabajar, otros con enfermedades terminales, angustiados al pensar qué ocurrirá con su familia? Y ya terminando los juicios con condenas altísimas como de prisión perpetua, otros con 20, 19, 15, 10 y 5 años de cárcel. Pensemos un poco, ¿eso queremos como chilenos? ¿Culpar a unos por lo efectuado u ordenado por otros?
¿Qué paguen los justos por los pecadores? “El que se sienta libre de culpa, que tire la primera piedra”.
Valeria Fuentes Campusano

Fuerza y fe, un abrazo
Muy apropiada la frase «el que esté libre de culpas…», especialmente en estos días en que, a raíz de las fraudulentas elecciones en Venezuela, muchos partidarios de esa dictadura recurren a comparaciones y paralelismos con lo sucedido en Chile, hace ya 50 años. Lo habitual es que se se plantee el pronunciamiento o golpe sin responsabilidad alguna del gobierno en la crisis que la precedió. El necesario corolario es que debe seguirse investigando las violaciones a los derechos humanos, sin perdón ni olvido, pero solamente si ellas fueron cometidos por los uniformados y sin importar que quienes pudieron haber impartido las órdenes ya han fallecido. Siempre el afán de venganza podrá orientarse a algún joven subalterno,bastando el hecho de haber estado en servicio activo. Es la justicia de los venecedores.
Así es Valeria y agreguemos que muchos de ellos eran menores de edad, ya que hasta el año 1993, la mayoría de edad era desde lo 21 años.
Y en el caso de los soldados conscriptos, estaban cumpliendo, obligatoriamente, con su Servicio Militar.