Señor Director:

Ha fallecido el filósofo chileno Juan Antonio Widow Antoncich. Una larga y extensa vida dedicada a la formación rigurosa en el campo de la filosofía, metafísica, moral, política y lógica. Son miles los estudiantes universitarios y extra universitarios, que recibieron su magisterio.

Las clases del profesor Widow -a las que asistí entre 1986 y 1990,  en la calle Gran Hotel, Viña del Mar, donde operaba el Instituto de Filosofía de la Universidad Católica de Valparaíso- eran limpias, pulcras e implacables. Profundo conocedor de los problemas de la metafísica que abordaba desde Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Maritain y Gilson, entre otros. Era su campo y desde ahí era imbatible. Su palabra y discurso asombraban por su racionalidad y precisión. Nada sobraba, nada estaba dicho de más. Rara vez soltaba una sonrisa en las clases que yo presencié, pero su casa -ubicada en 5 Norte con 4 Oriente en Viña del Mar- y nutrida biblioteca estaban abiertas al que deseaba estudiar o profundizar en los autores. Eran otros tiempos en que al caminar por las calles a altas o tempranas horas del día se respiraba seguridad. Otros tiempos en el ejercicio de la docencia. 

Su coherencia intelectual fue de la mano con su forma de ser y vida. Pocas veces un pensador ha ofrecido tanta congruencia entre su pensar y su ser.

Austero y distinguido. Sobrio y respetuoso por aquellos que pensaban distintos a él. Una intervención suya, desinteresada y justa, permitió mi permanencia en la carrera de filosofía, de la que siempre estaré agradecido. Con la partida de don Juan Antonio una brillante época de la filosofía en Chile e hispanoamérica poco a poco va cerrando su puerta. Será tarea de las nuevas generaciones estudiar sus obras y prolongar su legado.

Por Patricio Brickle, Doctor en Filosofía, Universidad Paris VIII, Vincennes Saint Denis, Francia.

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1 Comment

  1. Fue profesor mío, y lo agradezco, de los mejores. La lógica y filosofía que enseñaba! y como la compartía (invitando a pensar más que entregar soluciones) eran insuperables, donde el abrir la mente era lo importante, aunque él conociera las respuestas. Su tono monótono, si se quiere, invitaba a fijarse en el tema y nunca en la persona.

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