Señor Director:

Llama la atención la insistencia con que Jeannette Jara ha convertido la ausencia de José Antonio Kast en ciertos debates en un arma de hostigamiento político. Su narrativa pretende instalar la idea de que quien no acude a cada foro es, por definición, menos democrático o menos transparente. Sin embargo, ese argumento, repetido hasta el cansancio, evidencia más ansiedad electoral que verdadera preocupación por la calidad del debate público.

La ministra candidata parece olvidar que la democracia no se mide por la cantidad de escenarios televisivos que un postulante pisa, ella misma rehuyó debates en primera vuelta, sino por la solidez de sus propuestas, la claridad con que las defiende y por estar en terreno con las personas. Convertir la agenda mediática en un parámetro moral es una forma sutil de deslegitimar al adversario sin entrar en el fondo de las ideas.

Si Jara desea elevar la conversación política, podría comenzar por abandonar la descalificación velada y concentrarse en presentar un proyecto propio que pueda sostenerse sin recurrir a caricaturas mediáticas.

Jorge Gacitúa Muñoz – Abogado y académico

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