Por nuestro país estuvo la economista italiana Mariana Mazzucato, importante referente de izquierda y especialmente del gobierno actual. Dentro de sus principales posturas se encuentra una en que el Estado debe ser el promotor de determinadas “misiones”, para luego ser el sector público-privado el que las lleve a cabo.
Esta forma de ver las cosas implica que, según la economista, el Estado es mucho más sabio que el mercado, pues sería capaz de reconocer y evaluar mejor costos y beneficios, lo que lo llevaría a tener un rol de guía estructural de la economía. Más allá del relato ideológico que promueve la economista, este no se sustenta en la realidad. En efecto, no se puede olvidar que el Estado es movido por personas de carne y hueso, las que aun si suponemos que son las mejores -aunque ciertamente no lo son-, están afectadas por incentivos que por construcción no están alineados con la eficiencia en el uso de los recursos.
En la misma línea, al evaluar un determinado proyecto es importante considerar la posibilidad que este puede salir mal, que no sea conveniente hacerlo, o que eventualmente habrá que pagar los costos de una mala decisión. Nada de esto hace el Estado mejor que el privado, y ciertamente la evidencia teórica y empírica es clara en señalar que si hay problemas en el camino el que terminará pagando la cuenta es el contribuyente, no quien tomó las decisiones.
Adicionalmente, muchas de estas misiones están consideradas en un tiempo significativamente largo, con todas las dificultades que ello conlleva en la asignación de las escasas responsabilidades que podrían eventualmente llegar a pedirse.
Seguir por el camino de endiosar al Estado no repercutirá en nada favorable. Muy por el contrario, ya es tiempo de comenzar a exigirle rendir cuentas a los ciudadanos, quienes estamos obligados a financiar sus innumerables caprichos, muchas veces sustentado por ideas que no se condicen con las necesidades reales de las personas.
Félix Berríos Theoduloz – Economista
