Señor Director:
Poder es definido por Max Weber como “la probabilidad de imponer la propia voluntad, dentro de una relación social, aun contra toda resistencia y sea cual fuere el fundamento de esa resistencia”.
El hecho concreto es que quien gobierna es el que tiene el poder. La idea de potestad descansa, en último término, en la posibilidad de usar la fuerza física.
El cierre del puerto de Coronel desde hace más de 50 días por un pequeño grupo de “manifestantes” o el hecho de que el Poder Judicial por cerca de seis años no haya logrado recuperar un inmueble de su propiedad que sería habilitado como un nuevo Juzgado refleja el escaso poder del Estado para imponer el Estado de Derecho.
Tal debilidad se debe a la negación del uso de la fuerza por razones ideológicas o por el temor de los gobernantes de ser acusados de “violar los derechos humanos”; permeados por el “discurso de los derechos humanos” que considera violatoria de tales derechos cualquier acción destinada a reprimir la delincuencia, el vandalismo, el terrorismo, la guerrilla, el narcotráfico o la insurrección revolucionaria.
Dicho discurso es un arma estratégica del comunismo para quitar legitimidad al uso de la fuerza y desarmar psicológica y moralmente a quienes, por deber de autoridad, están obligados en justicia a aplicar la violencia física legítima del Estado para reprimir a quienes subvierten el orden social.
Adolfo Paúl Latorre

Durante la asonada del 18-O eso quedó en evidencia, comunistas y adláteres agitaron el avispero e inhibieron a las autoridades de reprimir y evitar la prolongación de la violencia «revolucionaria». Ahora en el gobierno, enquistados en el aparato estatal, lo hacen respecto a los temas más urgentes de la agenda de seguridad. Así «el legado» que se entregue al futuro gobierno estará marcado por la creciente inseguridad. Exitosa estrategia.