Señor Director:

Muchos intelectuales, historiadores, políticos y, en general, el mundo se hace cada cierto tiempo una pregunta: ¿Cómo Alemania, un pueblo tan culto pudo elegir el Nazismo y luego caer en el comunismo, quizás las dos barbaridades colectivas más horrendas de nuestra historia?

Respecto del comunismo, hay que decir que no fue una elección, sino más bien una imposición de la cuál Alemania pudo liberarse 43 años después de instaurado.

En el caso del Nacional Socialismo, sus causas son conocidas: las severas e injustas sanciones impuestas a Alemania en el Tratado de Versalles y la crisis económica de 1920 junto con la especulación financiera de banqueros, agudizaron la crisis social provocada por la primera guerra, por lo que el ánimo del pueblo fue decayendo y se empezó a entusiasmar con el discurso de Hitler, basado en la consigna, en el grito y en la motivación.

En el ámbito político, los partidos conservadores no tuvieron la valentía de frenar el avance nacista y con su beneplácito, Hitler es nombrado canciller. El resto es historia conocida.

Sin embargo, en 1949 y en las primeras elecciones post guerra, el pueblo alemán -después de la traumática experiencia Nacional Socialista y con su país devastado por la guerra a la que los arrastró Hitler- buscó la moderación, eligiendo a Konrad Adenauer. Un hombre de centroderecha y anticomunista, que venía de la antigua Weimar. El pueblo alemán mostraba su sapiencia y cultura en su momento más complicado, al optar por una alternativa de convicciones claras pero con moderación. Que no implica renunciar a las primeras sino mantenerlas con sabiduría y prudencia, exige escuchar a todos, dialogar y reflexionar, para luego actuar.

En Chile, qué duda cabe que estamos bajo una crisis política, social y ética. Quienes estamos hoy en la oposición, tenemos la responsabilidad de construir desde la fidelidad de lo que somos, una propuesta de esperanza para todos. Un líder moderado buscará combatir con toda la fuerza de la ley la delincuencia y el crimen organizado, respaldando políticamente el actuar de policías y agentes del orden y procurando aprobar en el parlamento las Reglas del Uso de la Fuerza que no limiten su actuar. En cambio, un extremista y radical, llamará a la población civil a armarse y tomar justicia por sí mismo, sin medir las consecuencias presentes y futuras, las que por cierto, quizás similares a las de un guerra.

Por qué entonces no seguir el ejemplo alemán de optar por la moderación, que sin abandonar las convicciones, dejó de lado alternativas radicales o extremas. Al fin y al cabo la tarea era muy difícil, se requería reconstruir el país no sólo materialmente, sino también desde sus cimientos institucionales. Lo lograron de la mano de un gobierno moderado y con una base de apoyo que iba más allá de sus propios partidarios.

Gustavo Benavente – Diputado (UDI)

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1 Comment

  1. Ummmmm, está escribiendo una novela diputado????? O si no es novela, ser más claro, directo, transparente, no tan oblicuo y rebuscado

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