Señor Director:

En el debate actual sobre la extensión del posnatal a un año se ha puesto énfasis en sus posibles consecuencias laborales, argumentando que perpetuaría brechas de género al recaer mayoritariamente sobre las mujeres. Este enfoque, aunque válido, simplifica una cuestión mucho más profunda: el rol del cuidado en la primera infancia como pilar del desarrollo social y cultural de una nación.

Como mujer, profesional y madre de cuatro hijos he vivido de cerca las tensiones entre las expectativas laborales y las demandas de la maternidad. Estas no son incompatibles, pero sí demandan un replanteamiento colectivo. Es fundamental reconocer que las mujeres tienen igual capacidad que los hombres para producir, liderar y destacarse en lo público; sin embargo, su papel como madres en los primeros años de vida de sus hijos sigue siendo insustituible para garantizar un desarrollo infantil pleno.

La primera infancia es una inversión social, no un gasto. Este período define las bases emocionales, cognitivas y sociales de los futuros ciudadanos, con repercusiones en la cohesión y el bienestar de una nación. Pero avanzar en políticas de cuidado infantil no puede ser una tarea unidimensional, centrada solo en la madre. Se necesita un enfoque que valore el cuidado de los niños como una responsabilidad compartida entre familias, comunidades y Estado.

Más que imponer una solución única, nuestra sociedad debería trabajar en fórmulas que permitan apoyar a quienes cuidan de los niños, ya sea facilitando espacios de cuidado accesibles y de calidad o promoviendo la participación activa de los padres en el proceso de crianza. Cualquier medida debe nacer del reconocimiento de que criar a un niño no solo es un acto privado, sino un aporte al futuro de todos.

Más allá de los números y los indicadores económicos, debemos preguntarnos como sociedad: ¿qué tipo de humanidad queremos construir? Reconocer el cuidado de la primera infancia como un bien colectivo y trascendente es clave para dar forma a una nación más equitativa y consciente.

María José García G.

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