Señor Director:

El 5 de octubre de 1988 yo tenía 12 años, estaba con mis papás viendo los resultados del plebiscito por la televisión y los primeros cómputos no eran muy optimistas para la opción «No». Abrumaba un poco pensar que Pinochet iba a seguir ocho años más; aunque era niña, comprendía el mundo que me rodeaba y sentía esa sensación de petrificación, de que nada iba cambiar, que había que seguir escuchando los cassettes de Víctor Manuel a volumen bajo; y que había que esconder a Dostoievski y Tolstoi de la biblioteca cuando llegaban ciertas visitas, porque eran escritores rusos, y uno no sabía si un libro podría traer problemas.

Por eso cuando ante las cámaras, en vivo, y justo antes de entrar a La Moneda, Fernando Matthei “echó al agua a Pinochet” y reconoció que había ganado el «No», toda esa incertidumbre se disipó y se abrió un mundo de posibilidades. No sé cómo lo vivieron los demás chilenos en lo íntimo, pero fue un momento especialmente alegre para mi casa: mi papá me explicaba que desde ahora en Chile iban a haber elecciones y que uno iba a poder elegir el Presidente que le gustara y que iba durar unos años y que después se iba a elegir otro, y así consecutivamente porque con el triunfo del «No», había vuelto la democracia. ¿En qué momento olvidamos lo importante que fue ese día de primavera?

El 5 de octubre de 1988, debiese ser feriado y fiesta nacional porque constituye un momento histórico y un hito importantísimo de nuestra historia republicana, fue el día en que la democracia y la no-violencia triunfaron de manera esplendorosa porque todos, (salvo el dictador, que pretendía robarse la elección),  estuvieron a la altura y comprendieron que con la patria no se juega, porque es la única patria que tenemos, y que por eso todos somos responsables de hermosear nuestra casa, de evitar su deterioro y de remozarla cada cierto tiempo. Ese día la gente se abrazó en las calles, ese día Chile venció y fue hermoso, pero parece que no nos dimos ni cuenta que ganamos.

Cuando uno tiene las cosas muy cerca cuesta verlas con claridad, pero con la perspectiva del tiempo y el paso de las décadas uno aprende a distinguir. Hace unos días la militancia del partido Republicano celebraba el golpe de Estado como un día de salvación de la patria, aunque fue un día trágico. Como contracara en un par de semanas se cumplen cinco años del estallido social y, seguramente, alguien querrá celebrarlo como el día en que Chile despertó. ¿Despertó Chile? Y si despertó, ¿dónde amaneció?

El 11 de septiembre de 1973 y el 18 de octubre de 2019, aunque distintos, son ambos días de autodestrucción y distopía: amanecer en “Dark”. Pero no se amanece el Dark así como así, fue un proceso lo que nos llevó a esas distopías, cosas que hicimos mal, malas decisiones, descuidos imperdonables, desdén por la opinión y necesidades de los demás, desconexión social, obcecación, codicia, soberbia, etc.

Si algo hemos aprendido los chilenos (así lo espero) es que somos responsables de nuestras decisiones, y algo de culpa habremos tenido en el deterioro de la política de la post dictadura cuando, descuidadamente, empezamos a elegir como legisladores y alcaldes a personas sin aptitudes técnicas y morales, sólo porque aparecían en la tele o eran simpáticos. Sobran los ejemplos de todos los colores, pero lo lindo de la democracia es que, si uno toma una decisión desafortunada o desinformada, siempre tiene la oportunidad de enmendar, analizar mejor, informarse y volver a decidir, responsablemente. El resultado se respeta.

Cuando veo a América Latina, a la luz de la perspectiva del tiempo, reafirmo la convicción de que no hay dictaduras buenas y que el 5 de octubre de 1988 sí vencimos, pero estar inmersos en la victoria no nos permitió ver que triunfar era una tremenda responsabilidad. Despertar es asumir ese triunfo y entender que, después de la celebración merecida y necesaria (los ritos son importantes), hay que poner manos a la obra para que nuestra casa funcione, es nuestro deber hacerlo. Despertar también implica tener carácter para exigir, pacíficamente, resultados a los mandatarios: somos ciudadanos, no súbditos. Eso es despertar.

Alejandra Rodríguez Ortega

Abogada U. de Chile

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3 Comments

  1. Ummm, se nota que tenía solo 12 años en 1988, por eso habla sin fundamento, lo que estaba escrito y previsto en la Cpr se cumplió integralmente. Y para 1973 ud tenía menos tres años, no existia, de tal manera que su opinión es menos fundada y antojadiza. Comparar una acción para poner término a un gobierno que nos llevaba a la dictadura comunista y que dicha acción contó con apoyo mayoritario popular y de las instituciones democráticas, con una violenta asonada comunista que tenía por objeto poner término a un gobierno democrático recién elegido, es ignorancia, delirio, falta total de objetividad

  2. 100% de acuerdo con el comentario de don Carlos Souper. Escuchar cassettes de Víctor Manuel a volumen bajo? Esconder a Dostoievski y Tolstoi de la biblioteca? Que absurdo más grande, nadie tuvo que esconder nada! Solo los comunistas, que tal vez fue el caso de su familia, se tuvieron que esconder.

  3. El hecho cierto es que las FF.AA. y Carabineros evitaron una guerra civil; salvaron a Chile de caer bajo una tiranía comunista; restablecieron la democracia, la economía, el orden y el Estado de Derecho que habían sido destruidos por el gobierno de la Unidad Popular; y entregaron a las nuevas autoridades civiles en 1990 un país en pleno auge, cuyo estado floreciente nadie discutía.
    Adolfo Paúl Latorre
    Abogado
    Magíster en ciencia política

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