Señor Director:
Como en Chile cada día se trabaja menos, los efectos colaterales de la reducción de la a jornada laboral están a la vista. El gobierno y especialmente la candidata castrista-comunista Jeannette Jara, muestran la reducción de jornada como parte de su legado. Lo concreto es que efectos positivos en la productividad -idea matriz del proyecto- no los hay. Podemos observar que el comercio, para no aumentar turnos, cierra antes. Los restaurantes cierran sus cocinas a las 10 pm, afectando al turismo y al negocio gastronómico.
Hay otros efectos que sería bueno que los economistas midieran, y tienen que ver con los ajustes que se han producido en las horas de trabajo. En Chile, los restaurantes no se abastecen de noche, tampoco los expendios de bebidas y otros. Está siendo frecuente ver estacionados a media mañana, en el peak del mayor tráfico, a camionetas y camiones en pistas de automóviles. Uno se pregunta, ¿por qué no lo hacen en horario nocturno? La respuesta parece ser: Trabajar de noche es más caro y es más inseguro. A lo anterior, debemos agregar que la reducción de jornada disfraza aumentos de empleo.
Por su parte, las pymes han tenido aumentos de costos sin compensación. La flojera en Chile se va estableciendo a todo nivel. El ineficaz aparato del Estado se hace más caro de mantener y su eficiencia no mejora por ningún lado. La aprobación de la reducción de las 40 horas, ha sido una pésima decisión, cuyo responsable no es solo el gobierno, sino también el Poder Legislativo -cada vez más lejano del Chile real- y de los gremios que no fueron capaces de rechazar de entrada un proyecto muy dañino para la economía, y por extensión, para todos los chilenos. Estas medidas irreversibles e implementadas de manera populista, nos penarán por mucho tiempo. ¿Quién hace el mea culpa? Luego vendrán las 36 horas, para seguir creyéndonos desarrollados. El espectáculo del Estadio Monumental es un buen ejemplo para concluir que cada día puede ser peor. Pobre Chile.
Andrés Montero J.

Excelente.