Señor Director:
Al escuchar esta semana los elogios que los personeros de Gobierno y de los partidos que lo apoyan han expresado para destacar el compromiso democrático del ex Presidente Sebastián Piñera manifestado especialmente durante su segundo Gobierno y específicamente en los días de violencia demencial durante el alzamiento revolucionario de la extrema izquierda en los meses de octubre y noviembre del año 2019, no pude dejar de proferir la palabra “desvergonzados”.
Si, “desvergonzados”. Acaso no fueron estos mismos dirigentes políticos los que en aquella época sometieron al país a una violencia callejera demencial para derrocar a un Presidente democráticamente elegido y crear el vacío de poder que les permitiera tomar el control del país. Claro, fueron ellos mismos: mientras unos alentaban la destrucción del país por los soldados de la primera línea, otros exigían la renuncia del Mandatario y otros, en su inmensa pequeñez, veían con encubridora complacencia y desmedidas ansias de poder cómo se desestabilizaba la democracia, preparándose para aprovecharlo a su propio beneficio.
Me pregunto: ¿cómo hoy se atreven a rendir tributo al Presidente que entonces aseguró la continuidad democrática que ellos pusieron en riesgo? Lo repito, hay una sola palabra: “desvergonzados”.
Francisco Bartolucci Johnston

Creo que “desvergonzados” es demasiado poco.
Así es, desvergonzados es un epíteto demasiado suave, estimado Francisco Bartolucci (de quien fui alumno en Derecho UCV durante el convulsionado 1972). Enardece verlos utilizar comunicacionalmente la tragedia de la absurda muerte de un ex presidente y el aciago momento que sufrimos la mayoría de los chilenos de bien. Solo han cambiado para las cámaras y las fotos, son los mismos que rayaban las paredes pidiendo la muerte de Piñera y/o su injustificada renuncia y llamaron a destruir y quemar el país, como casi lo logran.
Concuerdo con la columna y el comentario que me antecede. Es comprensible, en todo caso que, en circunstancias como éstas prime lo «políticamente correcto» y lleve a enemigos encarnizados a comportarse en forma «republicana», posiblemente escondiendo sus verdaderos sentimientos. de ahí el mérito de algunos representantes comunistas que no le perdonan «haberle declarado la guerra al pueblo» y lo responsabilizan por atropellar los derechos humanos de tantos que, según ellos, sólo ejercían su pacífico derecho a manifestarse. Así son los comunistas, coherentes con sus inspiradores, puro realismo y nada de buenismo. Y como son «la mano que mece la cuna», estamos advertidos de su futuro comportamiento, gracias a su franqueza.