Estimado Director:

Es común escuchar comentarios que critican la educación en Chile como desactualizada, afirmando que «se educa a niños del siglo XXI en aulas del siglo XIX». Sin embargo, discrepo de esta percepción, al menos en parte. Hoy en día, veo una cantidad creciente de docentes que aplican metodologías didácticas diversas, ajustadas a los planes de inclusión. Esto no se limita a estudiantes con necesidades educativas especiales, sino que responde al reconocimiento de que las aulas son espacios diversos donde cada estudiante merece una oportunidad de aprendizaje significativa.

Considero que el foco educativo debe estar en el desarrollo de habilidades, actitudes y aptitudes, más allá de los contenidos mínimos obligatorios. En una era donde el acceso a la información es inmediato, aprender a analizar, sintetizar, evaluar y crear resulta fundamental. Estas son las habilidades que podemos trabajar mediante los contenidos, utilizando actividades variadas que fomenten un aprendizaje profundo y relevante.

En mi experiencia, he trabajado en cursos como el de 7º básico en ciencias naturales, aplicando el aprendizaje basado en proyectos. Por ejemplo, planteamos la pregunta: ¿Cómo podemos trabajar la paternidad y maternidad responsable desde un punto biopsicosocial? Para responderla, los estudiantes cuidaron un «huevo-bebé» durante un mes, una actividad que los motivó a asumir responsabilidades y entender el cuidado de algo frágil. Asimismo, abordamos temas de desarrollo adolescente mediante obras de teatro, donde los estudiantes representaron situaciones reales sobre consumo de alcohol, salud mental y orientación sexual, entre otros. Estas actividades no solo reflejan la vida cotidiana de los adolescentes, sino que también fomentan el desarrollo emocional y la empatía.

Sin embargo, innovar en la enseñanza requiere contextualizar el aprendizaje y contar con el apoyo de la institución, algo que no siempre está presente. La falta de flexibilidad en algunos establecimientos contribuye a la percepción pública de que la educación sigue estancada en métodos tradicionales y repetitivos. No obstante, muchos docentes estamos comprometidos con romper ese molde, utilizando nuestra creatividad y nuevas herramientas como la inteligencia artificial, el trabajo colaborativo y el respaldo de los programas de inclusión escolar (PIE) para ofrecer una educación que responda a las necesidades actuales.

Además, quiero subrayar algo esencial en nuestra labor: como docentes, somos un modelo de conducta para nuestros estudiantes. No podemos ser buenos profesionales sin ser, primero, buenas personas. Los estudiantes a menudo ven en nosotros un referente adulto, y nuestro comportamiento debe estar a la altura de esa responsabilidad.

Prof. Constanza Ramos Pérez

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