Señor Director:

Agradezco la carta del Sr. Agustín Larson en respuesta a mi anterior misiva sobre gestación subrogada. Que el debate público se enriquezca con argumentos diversos es precisamente lo que la bioética persigue en una sociedad democrática. Por lo tanto, me permito precisar algunos puntos centrales de su misiva.

El Sr. Larson sostiene que la gestación subrogada no puede ser tratada como una prestación disponible sin que algo esencial se vea afectado, exista o no mediación económica, y que esto es suficiente para considerarla éticamente inadmisible en todos los casos. A mi juicio, que una práctica pueda dar lugar a formas de instrumentalización no implica que toda forma de dicha práctica sea intrínsecamente “cosificante” ni que la única respuesta ética posible sea su prohibición absoluta.

Existen, sin duda, escenarios de gestación subrogada éticamente reprochables, respecto de los cuales resulta relativamente fácil alcanzar acuerdos. Casos extremos -como ciudadanos que han engendrado decenas de hijos mediante subrogación en el extranjero-, o situaciones en que se recurre a una gestante sustituta únicamente para evitar las transformaciones corporales del embarazo ilustran prácticas que difícilmente pueden justificarse éticamente y que no debieran ser permitidas.

Sin embargo, de estos ejemplos no se sigue que toda forma de gestación subrogada sea moralmente inaceptable. Situaciones muy distintas -como la de una persona cercana que decide gestar para una hija o una hermana- no parecen vulnerar, por sí mismas, la autonomía de la gestante ni la dignidad del niño, y no existen argumentos bioéticos sólidos para prohibirlas de manera general. Confundir estos escenarios heterogéneos bajo una misma condena ética impide una deliberación más fina y responsable.

La tarea de la bioética no es clausurar el debate desde la prohibición, sino precisamente distinguir, ponderar riesgos, identificar salvaguardas y buscar puntos intermedios entre una prohibición absoluta y una indiferencia normativa. Mientras el Sr. Larson y el Sr. Astaburuaga sostienen que la gestación subrogada nunca, bajo ninguna circunstancia, es éticamente admisible, mi posición es que este es un tema que merece ser discutido desde marcos regulatorios que consideren los intereses y la dignidad de todos los involucrados. Ese es, en rigor, el desacuerdo de fondo.

Por Sofía Salas Ibarra, docente investigadora en bioética, Universidad del Desarrollo

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