Por Adolfo Paúl Latorre
Señor Director:
La política tiene como fin el bien común y es, por lo tanto, una actividad moral. Es la moral la que define los fines de la política. La ley moral fundamental es la ley natural. La política que prescinde de ella o que pretende ser neutral respecto de la verdad moral no es auténtica política, sino corrupción de ésta. Es el caso de aquella política que al no acotarse dentro de ciertos valores morales, sin sujeción a normas superiores y en virtud de un pluralismo insensato, concede idénticos derechos al error y a la verdad, como es el caso de la ideología de la democracia liberal.
Según esta ideología la ley —como es definida en nuestro Código Civil— es la expresión mayoritaria de una voluntad colectiva que se pone de relieve a través del voto: el hecho de que la mayoría quiera algo es razón suficiente para considerarlo bueno.
Las democracias liberales son frágiles pues pueden escoger su propia destrucción o ser destruidas por quienes utilizan las armas de la democracia para destruir la democracia; siempre bajo la consigna de que la están “profundizando”.
Así ha sido como líderes carismáticos y revolucionarios “profesionales”, que han dedicado su vida a una actividad revolucionaria y que encarnan ideologías políticas de una izquierda radical, han llegado al poder en forma legítima siguiendo las reglas o procedimientos formales de la democracia liberal, para luego liderar monstruosos gobiernos tiránicos o totalitarios que conculcan lo más preciado de nuestras vidas: la libertad.
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
Magíster en ciencia política
