Señor Director:
No podemos -ni debemos- normalizar la mentira.
En el ámbito laboral, se disfraza en currículums adornados, vínculos incómodos que se esconden, cifras infladas para aparentar prestigio, licencias médicas falsas o pequeños robos cotidianos: atrasos, recreos eternos o llevarse insumos de la oficina “porque sobran”. La excusa habitual: precarias condiciones laborales.
En política, el caso de Jara es ilustrativo. Al ser sorprendida falseando su postura sobre la nacionalización del cobre y el litio, se refugió en que fue un “error” en su programa. Si un documento tan relevante llegó al Servel con un error de esa magnitud, y nadie en su equipo lo advirtió, revela una alarmante falta de rigor para quien aspira a gobernar. Y lo más grave: parece olvidar que la responsabilidad no se delega; era su deber asegurarse de que el texto reflejara plenamente su visión.
La mentira -pequeña o grande- erosiona la confianza y destruye el tejido social. Si queremos un país más justo y sólido, debemos declararnos en cruzada permanente por la verdad: más ética, menos ego, más empatía.
Por Catalina Cabello Rodríguez

Toda la razón doña Catalina. Muy bueno su llamado a una cruzada permanente por la verdad, especialmente en la política.
👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻👍🏻
Fue un » error «. Que tremenda desfachatez.