Señor Director:

Por primera vez en su historia, la Contraloría General de la República participó en Enade, el mayor foro empresarial del país. Y no fue una aparición tibia: Dorothy Pérez, la Contralora, se paró con claridad, datos y convicción frente al mundo político, económico y ciudadano. Su discurso, titulado “Por el cuidado y buen uso de los recursos públicos”, fue una radiografía descarnada del Estado chileno y una defensa firme del rol fiscalizador.

Uno de los puntos más potentes de su exposición fue el uso fraudulento de licencias médicas. Tal como se informó a todo el país, la Contraloría cruzó datos y descubrió que más de 25 mil funcionarios públicos viajaron al extranjero mientras estaban con licencia médica. El impacto fue inmediato y se produjo una caída de más de un 30% en la emisión de licencias en pocos meses; el mensaje fue claro: cuando se controla de verdad, se nota.

También señaló otros focos de irregularidades, como las licencias de conducir entregadas a deudores de pensión de alimentos; los pagos en exceso en el Ejército; la desaparición de fentanilo en Carabineros; los permisos de obras demorados por años e incluso listas de espera en hospitales; privilegiando la atención a familiares de funcionarios, por encima de pacientes largamente postergados.

Todo esto se ha detectado gracias a una herramienta clave: los Consolidados de Información Circularizada (CIC), que permiten cruzar bases de datos públicos para anticipar irregularidades; en un cambio profundo desde el concepto de la auditoría post falta, a la fiscalización preventiva. Más allá de los casos puntuales, la Contralora tocó también un punto sensible: el poco apoyo institucional que tiene la entidad fiscalizadora, indicando que “es difícil que cualquier gobierno quiera darle más presupuesto a la Institución que lo va a controlar”, señalando que no era una queja, sino que una advertencia.

En un gesto simbólico, citó a Gabriela Mistral y su poema “El placer de servir”, hablando de la necesidad de que lo público recupere valor; que ser funcionario vuelva a ser sinónimo de mérito y no de cuoteo. Cerró su presentación con una imagen poderosa: una isla de hormigas flotando en medio de una inundación, todas aferradas unas a otras. La metáfora era clara: si el Estado no actúa como un cuerpo coordinado y solidario, se hunde.

Un aspecto notable de su presentación, es que fue interrumpida varias veces por aplausos entusiastas y terminó con una ovación de pie; algo poco común en una presentación de estas características. Y no por falta de mérito, sino porque el control suele ser incómodo.

Cabe preguntarnos si este respaldo simbólico, se traducirá en respaldo real, porque existe el riesgo de que todo quede en un buen discurso; puede ser que la opinión pública admire a la Contralora, pero el Congreso no le aumente el presupuesto; que se aplauda la lucha contra la corrupción, pero se siga tolerando la mediocridad en el aparato estatal o que las denuncias se queden en sumarios eternos que no cambian nada.

La intervención de la Contralora fue valiente, técnica y política al mismo tiempo. Mostró que la Contraloría no está para cubrir errores, sino para anticiparlos y que cuando el control funciona, el Estado funciona mejor. Pero también dejó en evidencia que el problema no es solo de funcionarios que abusan del sistema, sino de un sistema que ha normalizado el abuso.

Esperamos que éste no sea solo un momento mediático y que ojalá el aplauso en Enade sea también un compromiso con más integridad, más eficiencia y más coraje para reformar lo que no funciona. Porque lo que está en juego no es solo el buen uso de los recursos públicos, sino que también es la confianza de todos los chilenos, en que el Estado puede, debe y sabe hacerlo mejor.

Sergio Gahona – Jefe de Bancada Senadores UDI

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