Señor Director:

Vivimos tiempos difíciles y degradantes para el sistema político, lo que se traduce en una bomba de tiempo social con heridas profundas. Hoy en día, muchas personas buscan hacer justicia con sus propias manos, ya que las instituciones carecen de confianza y aceptación.

El Congreso Nacional juega un papel crucial en esta encrucijada, pero ¿qué tan desconectados están los parlamentarios de la sociedad que representan? Es una pregunta seria y legítima, considerando que cada ley promulgada tiene un impacto directo en las sensibilidades del tejido social.

Pareciera que los parlamentarios viven en una realidad propia, en un país utópico lleno de ideales principalmente partidistas, ignorando a más de 15 millones de electores. Según datos del Servel, menos de 500 mil personas están afiliadas a un partido político. Por lo tanto, estamos frente a un sistema ideologizado, poco representativo y desconectado de los problemas reales del país. Sus prioridades ni siquiera guardan coherencia con la contingencia diaria. A esto se suma un gobierno sin dirección ni liderazgo.

Mientras la política chilena siga siendo guiada por la inmediatez y no por un verdadero proyecto de país, y mientras los partidos políticos y parlamentarios continúen disociados de las realidades que enfrentan millones de chilenas y chilenos, seguiremos alimentando el ambiente para futuros estallidos delictuales, anomia y vacío de poder.

Lucy Depablos – Presidente de la Fundación LIP

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