Señor Director:
En noviembre del año 2018, mediante una sentencia dictada contra leyes expresas y vigentes, el juez Mario Carroza condenó al teniente Emilio Cheyre Espinosa a tres años y un día de presidio como “encubridor” de homicidios ocurridos en octubre de 1973 en el llamado episodio La Serena.
El 18 de diciembre del año en curso, la Corte Suprema recalificó su participación en dicho delito, condenándolo como “cómplice” y aumentando la pena originalmente impuesta a cinco años de presidio.
Legalmente no se cumplen los requisitos del tipo penal para atribuirle a Cheyre la responsabilidad criminal de “cómplice”; es decir, que cooperó a la ejecución del delito. No es razonable atribuirle tal calidad por el hecho de que él, como un joven oficial ayudante, entraba y salía a la oficina donde se estaba llevando a efecto una reunión de oficiales de alto rango en la que se tomaban decisiones en las que no tenía arte ni parte; es decir, que no estaba implicado ni directa ni indirectamente.
Tampoco es razonable condenarlo, según señala el fallo, porque “estuvo en posición de conocer lo que allí sucedía”, por lo que “de cierta forma” habría colaborado al desarrollo del delito, aunque no como autor: “Allí radica el elemento subjetivo que se le reprocha ya que coopera a la acción delictiva”.
Atentamente le saluda,
Adolfo Paúl Latorre, abogado y magíster en ciencia política

Medio con hepatitis el señor Paul, muy amarillo, tibia si carta. Digamoslo fuerte y claro, así como la tercera sala de la corte suprema con ministro Muñoz a la cabeza, se t9ma atribuciones de legislador e incumple con la ley a establecer que sus fallos afectan a todos, hayan participado del juicio o no; La segunda sala penal va más lejos, prevarica abierta y desvergonzadamente, acusa y condena violando la ley y para peor, una vez fabricada una condena penal, luego falla ordenando jugosas y crecientes indemnizaciones, cuyo destino final de los fondos pagados con recursos fiscales de todos los chilenos, nunca se ha transparentado cómo realmente se los reparten……..
Muy de acuerdo con la carta y con el comentario. Entiendo eso sí que, en esta oportunidad, el ministro Valderrama no estuvo por sumarse al fallo, cosa notable. Interesante es, en consecuencia, revisar su voto de minoría, ya que rompería la habitual unanimidad de los últimos tiempos.
Don Carlos:
No sufro de hepatitis, y no soy ni amarillo ni tibio; muy por el contrario.
Cuando digo «mediante una sentencia dictada contra leyes expresas y vigentes» estoy diciendo exactamente lo mismo que usted dice en el segundo párrafo de su comentario; que corresponde a lo que vengo denunciando desde hace más de una década en mis diversos artículos y publicaciones; especialmente en mis libros «PROCESOS SOBRE VIOLACIÓN DE DERECHOS HUMANOS. Inconstitucionalidades, arbitrariedades e ilegalidades » (cuatro ediciones) y «PREVARICATO. Análisis crítico de procesos judiciales contra militares que debieron afrontar la violencia revolucionaria».
Atentos saludos.
Adolfo Paúl Latorre
Excelentes libros. Una obligada fuente de consulta para todo aquel que desee saber cómo el poder judicial condena a toda costa y cada vez con mayor rigurosidad pero sin respetar la ley vigente al momento de haberse cometido los ilícitos investigados.
La carta a El Mercurio de doña María Alicia Ruiz-Tagle Orrego ublicada eldía de hoy aporta otro punto de vista de incuestionable ecuanimidad y generosidad al respecto cuyo contenido comparto en gran medida, en particular por su llamado a la conciencia de los jueces.