Señor Director:
El Fondo Común Municipal (FCM) nació con el propósito de equilibrar los ingresos entre municipios, permitiendo que comunas con menos recursos pudieran financiar servicios básicos. Sin embargo, el caso de Isla de Pascua muestra cómo una política pública mal diseñada puede terminar generando privilegios y distorsiones en desmedro del resto de las comunas del país.
En virtud de la Ley N° 19.704, la municipalidad de Isla de Pascua recibe una compensación con cargo al FCM. El motivo: en la isla rige una exención tributaria que impide recaudar ingresos por contribuciones, patentes o permisos de circulación, entre otros. Para suplir ese vacío, se diseñó un mecanismo de compensación que, con el tiempo, ha perdido toda proporcionalidad.
El llamado “factor de compensación” ha aumentado progresivamente desde el año 2000, pasando de 1,1 a 2. Esto significa que por cada peso que la municipalidad gasta en personal y bienes de consumo, recibe dos pesos de vuelta del fondo. En la práctica, el sistema premia el aumento del gasto corriente en vez de la eficiencia o la buena gestión.
Las consecuencias son evidentes. Los gastos en personal en Isla de Pascua se han disparado, sobre todo en el ítem “otros gastos en personal”, muy por encima de lo que crece el FCM a nivel nacional. Mientras el fondo en su conjunto ha crecido en torno al 6% real, los recursos destinados a la isla lo han hecho a tasas cercanas al 30% anual.
El problema no es solo de diseño, sino de justicia distributiva. Cada peso adicional que recibe Isla de Pascua se descuenta del FCM que llega al resto de las comunas. Municipios como Valparaíso, Quintero, Temuco o Rancagua han perdido miles de millones en la última década por este mecanismo. En total, decenas de comunas han debido financiar este beneficio, pese a que muchas enfrentan realidades tan críticas como las de Rapa Nui.
Reconocer las necesidades particulares de Isla de Pascua es legítimo. Lo que no es aceptable es que se haga a costa de municipios que también sufren déficit estructurales. Este tipo de excepciones generan incentivos perversos: mientras más gasta el municipio, más recibe. Y como resultado, se profundiza la desigualdad en lugar de corregirla.
Una política pública responsable debe corregir este error. Existen alternativas claras: que la compensación sea financiada directamente por Hacienda, y no por las demás comunas; que el factor de asignación se establezca por ley y no por presiones políticas; y que los recursos de Isla de Pascua se integren al mecanismo de estabilización del FCM, con criterios objetivos.
El caso de Isla de Pascua es un recordatorio de cómo las políticas públicas pueden desviarse de su propósito inicial cuando priman intereses particulares sobre el bien común. Lo que partió como un beneficio justificado se transformó en un privilegio injusto que erosiona la equidad del sistema.
Chile necesita avanzar hacia un uso más eficiente y transparente de los recursos municipales. Ello exige revisar y corregir distorsiones como esta. No se trata de quitarle apoyo a Isla de Pascua, sino de asegurar que la ayuda se entregue con criterios de justicia, equidad y eficiencia. Mientras tanto, el resto de los municipios seguirá pagando una cuenta que no les corresponde.
Francisco Infante

Increíble ….
Inaudito.