Señor Director:
En Chile, la corrupción existe hace muchos años, ha sido una práctica soterrada y tolerada que ha horadado los cimientos mismos del Estado. Lo que hoy es evidente y notorio, es que en la actual administración las prácticas corruptas, deshonestas y reprochables moral y legalmente, han alcanzado umbrales nunca vistos en el pasado, y cobrado una preponderancia chocante y manifiesta.
Es triste y decepcionante que la generación que mayormente copa el oficialismo, detentando cargos y posiciones en todos los niveles el poder, haya defraudado al país como lo ha hecho, haciendo del Estado y de los cargos públicos una ocasión para robar y distribuir dinero e influencias a los militantes, los amigos y los parientes.
Al final, quienes concursaron rodeados de una aureola de pureza, de intangibilidad, de absoluta limpieza en cuanto a sus valores y conductas, han terminado empujando al país en el oscuro tobogán de la corrupción y la pobredumbre, cuando no del robo descarado de recursos públicos generados por todos los chilenos, que debieran destinarse a atender las apremiantes necesidades de los más desposeídos, de los humildes, de los olvidados por el estamento que ejerce el poder.
Casos como Democracia Viva, ProCultura y el reciente escándalo de las licencias médicas, delatan mecanismos urdidos deliberadamente para exprimir al Fisco, con la complacencia o indolencia de las autoridades que debieran ejercer controles, todo ello en un ambiente de profunda inmoralidad y degradación de la vida pública. Una pena inmensa que nuestro querido país le haya dado oportunidades a esta clase de personas, que no las merecen.
Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega – Abogado
