Señor Director:
Quisiera felicitar vivamente a la columnista Magdalena Vergara por su lúcida contribución sobre el problema del aborto, que pone de relieve los aspectos vinculados con la vulnerabilidad de las mujeres que afrontan su embarazo en situación de soledad, abandono o pobreza.
Es claro que la actual política pro-aborto, lejos de hacerse cargo verdaderamente de esa problemática, más bien la elude y deja así doblemente abandonada a la mujer que supuestamente pretende defender. Pero igualmente claro es que la defensa de la vida del que está por nacer, en la forma en la que suele llevarse a cabo en el debate público, tiende a relegar a un segundo plano este lado de la cuestión. Se peca así de facilismo, por mucho que se pueda tener razón en el plano estrictamente moral. El moralismo, ya se sabe, suele ser una forma de facilismo. Vergara acierta aquí con la crítica de su propio «sector», como se suele decir ahora. Hago mía su autocrítica, pues también me cabe.
Su propuesta de hacer foco en el verdadero acompañamiento de la mujer y las exigencias concretas que plantea marca un camino que es, sin duda, más difícil y menos cómodo que el de limitarse a tener razón en el plano de los principios. Pero, a estas alturas, ese camino es, me parece, el único verdaderamente honesto y transitable.
Alejandro Vigo
