Señor Director:

Este 31 de diciembre de 2023 se cumple un año de la muerte de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI. Su partida ha permitido renovar el interés en la vida y pensamiento de uno de los más grandes teólogos del siglo XX que además sirvió a la Iglesia como Sumo Pontífice. 

La obra de Ratzinger permite no solo comprender la Fe con gran profundidad, sino que también reflexionar sobre la crisis de Occidente, la modernidad y la religión de la que somos testigos, también en Chile. El desafío que impone el agotamiento de la civilización occidental y las nuevas crisis que enfrenta la Iglesia nos exigen volver a lo esencial, pues una de las causas -tal y como apuntaba Benedicto XVI antes de ser Papa en 1993- es la ausencia de Dios. 

La lejanía de Dios ha significado una pérdida de sentido y una infravaloración de la criatura humana. Como decía en el libro «Ser cristiano en la era neopagana»: «Nuestra tarea fundamental, si realmente queremos contribuir a la vida humana y a la humanización de la vida en este mundo, es la de hacer presente, y por así decirlo, casi tangible, esta realidad de un Dios que vive, de un Dios que nos conoce y nos ama». 

 Después, siendo cabeza de la Iglesia el año 2010, en la entrevista realizada por Peter Seewald del libro «Luz del mundo», insiste en que es necesario plantearnos mayores exigencias como seres humanos y no caer en la comodidad, precisamente porque Dios «nos toma en serio». 

En un contexto donde abundan señales de desesperanza y tribulación, los católicos podemos encontrar en el pensamiento de Benedicto XVI una sólida fuente intelectual para difundir la Fe, y como fruto de ella, la paz y la justicia.

Tomás Bengolea y Jaime Tagle

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