Primeros años: Valparaíso y ese temor inconcebible a la pobreza

Nací el año 1971 en el Hospital del Servicio Médico Nacional de Empleados, en la Avenida Brasil de Valparaíso. Soy porteño. Y porteño es una condición que se tiene a perpetuidad. Nos vinimos a Santiago cuando yo tenía seis años, pero yo todavía digo pan batido y salida de cancha.

Antes de venir a Santiago, viví cinco años en Peñablanca, que es la última parte de Villa Alemana. Ahí estaba la casa de mis abuelitos. Vivíamos de allegados. Éramos una familia bien pobre, pero tuve una infancia feliz. Íbamos de vacaciones a la casa de una abuelita en el Cerro Barón, nos bañaban en unos tambores de aceite que después se usaban para guardar agua. Crecí entre el tango de mi abuela, el olor a gato que tiene Valparaíso y ese temor inconcebible a la pobreza, como cantaba el Gitano Rodríguez.

Cuando se murió mi papá y se murieron mis abuelos, me empezó a gustar el tango. Empecé a volver a Valparaíso como una necesidad vital. Ahí estaba mi historia. Ahora que está tan mal y tan destruido siento un dolor muy grande. Siento que cuando Valparaíso se va muriendo, también se va muriendo mi historia, la de mi papá, la de mis abuelos. Verla tan sucia y oscura es un dolor terrible. En la última municipal estuve muy tentado de no ir a la reelección por La Florida e ir por Valparaíso a disputarle a Sharp para tratar de hacer las cosas un poco mejor.

El golpe del 73

Me tocó el golpe militar en la casa de los abuelos, con mi mamá. Crecí con las historias de las JAP, del desabastecimiento. Mi familia era DC, pero me transmitieron una historia oral de una alegría inconmensurable de ese momento. No sé si lo vi, o de tanto que lo escuché creo haberlo visto, pero por el Puente Negro de mi ciudad pasaron los marinos y la gente empezó a sacar banderas para celebrar la llegada de los militares al poder.

En mi casa había una radio antigua de mi abuelo Miguel, que había sido marino mercante y que la había traído de Estados Unidos. Era una radio a tubos, que en las perillas salían los puertos del mundo. Yo jugaba a mover esas perillas. Un día jugando me aparece una voz: «¿De verdad van a resucitar a los muertos y a los desaparecidos?». Era Frei Montalva, en el acto del Caupolicán, en agosto de 1980. Le pregunté a mi papá quién era. Me dijo que había sido un Presidente de otra época y no mucho más, pero me quedó dando vuelta. Toda la familia de mi papá era DC.

Mi papá probablemente era un hombre muy anticomunista, igual que mi mamá, pero el tema de los derechos humanos era algo que no tenía vuelta, que no era aceptable para ellos. Eran de oposición a Pinochet, pero no de marchas ni mucho menos.

Llegada a La Florida con seis años

Llegamos el año 76 a vivir a Santiago. Mis padres postularon al subsidio habitacional y se lo ganaron en Av. La Florida con Departamental, en la Villa Los Copihues, donde terminaba Santiago. Para arriba eran puras parcelas. La primera noche fue inolvidable. Primera vez que tenía mi propio dormitorio. Me acuerdo que me encaramé por la ventana y la mitad de lo que veía eran campamentos. Mucha pobreza y campos de zarzamoras.

Colegio y primeras pasiones

Llegué a un mundo totalmente distinto. Era totalmente provinciano. En el colegio mis compañeros decían garabatos y yo no sabía decir garabatos. Eso sí, yo ya sabía leer porque me había enseñado mi abuelita y mis compañeros recién estaban aprendiendo.

Como en cualquier colegio de hombres de la época, la brutalidad en los sobrenombres era terrible. Me trataron de hacer bullying en algún minuto, pero yo hacía como que no me importaba. Y sí me importaba, me dolía. De los 32 que salimos de mi curso creo que soy el único que salió con su nombre: “El Carter”, me decían. Sigo en contacto con mis compañeros, tenemos chats y sigo viendo a cuatro o cinco de ellos.

A los ocho años quería ser santo. El colegio era salesiano, entonces fundé un club de niños que querían ser santos. Como Domingo Savio fue santo antes de los 15 años, yo empecé a ser acólito para lograr mi objetivo. Después ya no quise ser santo y se me ocurrió fundar un diario. Le puse el TAIMS, porque había escuchado que existía un diario en el mundo que se llamaba así (Times), pero yo no sabía inglés así que no sabía cómo se escribía.

Política y plebiscito del ’88

El año 1983 hay un despertar. Ese año, a escondidas de mis padres, empecé a participar en actividades políticas de oposición a Pinochet. Estuve en organizaciones que eran cercanas a la DC y fui presidente de curso y presidente del centro de alumnos de mi colegio. A veces iba a algunas protestas en la Alameda, pero no hacíamos nada violento. Nos sentábamos, cantábamos el himno nacional en la Biblioteca Nacional. A veces llegaba el guanaco y había que arrancar, pero nunca participé en tomas, encontraba que era muy violento cerrar con cadenas un colegio e impedir que la gente entrara a clases.

Para el plebiscito participé a escondidas en la campaña del No. Estaba en cuarto medio. No le dije a mis papás para no preocuparlos. Mi mamá iba a tener miedo de que me pasara algo y le podía causar problemas en el trabajo a mi papá.

Anticomunismo

Cuando participé en estas concentraciones políticas de los 80, tenía amigos que después supe con los años que eran del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. El Partido Comunista les lavó el cerebro de una forma brutal. Eso lo vi. Uno de mis mejores amigos era un gallo que de verdad pintaba para santo. Buen cabro, buen estudiante, popular entre las chiquillas. Y de un verano para otro se convirtió en un militante del PC y se empezó a meter en las tomas, las molotov, y eso quebró nuestra amistad. Se compraron el cuento de estos infelices irresponsables del extremismo y terminaron presos, con las vidas destrozadas. Esas cosas me llevaron a ser anticomunista.

Entre Periodismo y Derecho en la Católica

Era buen alumno en el colegio y me fue bien en la Prueba de Aptitud Académica. Debo haber ponderado como 730 puntos. Estaba entre estudiar Periodismo o Derecho, ambas en la Católica.

Al final me decidí por la última porque cuando estaba yendo a presentar mi hoja con la postulación, vi al Pollo Valdivia de Extra Jóvenes afuera del Liceo 7 haciendo un despacho para su programa. Medía un metro noventa, estaba rodeado de minas, era súper popular y me dije: “Yo nunca voy a ser así”. Se me había olvidado que había periodistas feos también, pero bueno.

Al final estudié Derecho en la Católica y fue la mejor decisión que tomé en la vida porque, si fui feliz de niño, fui tanto más feliz en mi etapa universitaria en la Católica. Conocí un Chile que no tenía idea. Lo primero fue saber que el faro de Apoquindo no era un faro de verdad. Yo nunca había ido más arriba de Escuela Militar.

Muerte de Jaime Guzmán y la frase de Hernán Larraín que cambió el rumbo

Vi a Jaime Guzmán minutos antes de que lo asesinaran. Yo estudiaba Derecho en la Universidad Católica y estaba con mis compañeros en el Campus Oriente. Estábamos en el segundo piso y pasó Guzmán caminando. Él todavía no me hacía clases. Se veía bajito, muy frágil, de piel muy transparente. Camina, se mete al auto y lo matan. Nosotros sentimos como un petardo. Cuando salimos lo único que había era una patrullera y unos vidrios quebrados en la calle. Años antes, en la Federación de Estudiantes de Santiago yo había conocido a Ricardo Palma Salamanca, quien fue el que le quitó la vida.

Ese año 1991 fue brutal para mí. La muerte de Jaime Guzmán fue un antes y un después para mi vida, porque yo venía de una mirada de centroizquierda, de la DC. Me acuerdo que al día siguiente la primera clase que tuve fue con Hernán Larraín, que era uno de los mejores amigos de Jaime Guzmán.

Él estaba muy entero, pero destrozado por dentro, y dijo algo así: “Si algo nos deja Jaime, y por eso su vacío va a ser imposible de llenar, es que él hizo de su vida algo extraordinario. Era extraordinario amigo, extraordinario profesor, y por eso, más allá de que estén o no estén de acuerdo con sus ideas, hagan ustedes de sus vidas algo extraordinario».

Para mí esas fueron como notas de una sinfonía. Me dije que eso era lo que yo estaba buscando toda mi vida. Lo extraordinario. Me prometí que no iba a morir siendo uno más del montón. Ahí me desvinculé completamente de la DC, dejé la política por un tiempo y me dediqué a estudiar.

Amigos de universidad, Movimiento Gremial y religión

Mis mejores amigos de la universidad eran Claus Krebs, Sebastián Eyzaguirre, que es mi mejor amigo hasta el día de hoy, y Miguel Kast (hijo del ex ministro), que ahora es sacerdote. Miguel fue el que me invitó a los trabajos de invierno del Movimiento Gremial en segundo año.

Me acuerdo que íbamos en el tren al sur, eterno, 20 horas de viaje, y a las seis horas yo ya no tenía comida. Me había llevado un sándwich y nada más. Y este alemán, cuya familia era dueña del Bavaria, llevaba un container de comida. Íbamos sentados frente a frente, se caga de la risa y me dice “¿querís?” Me salvó el viaje. Ahí entré a compartir con sus amigos, empecé a asistir a cuestiones del Movimiento Gremial, me ofrecieron ser candidato a consejero superior, pero no quise porque estaba viviendo mi proceso interno.

Miguel Kast dejó la universidad para meterse a cura y apareció en mi camino Rodrigo Álvarez, profesor de derecho comercial que venía llegando de estudiar afuera. Era un tremendo profesor. Se empezó a interesar en ciertos alumnos para conocerlos más y yo fui uno de ellos. Nos invitaba a almorzar y conversábamos horas. Siempre fue muy respetuoso, nunca invadió mi libertad personal ni me metió presiones para militar.

Soy católico. Mi abuela María me enseñó a rezar. Rezábamos el Rosario e íbamos a misa todos los domingos. Ahora no soy de ir a misa. No tengo dudas con la fe, pero ciertamente he tenido un quiebre con la iglesia formal en los últimos años. Por los abusos, pero también porque la iglesia ha dejado de atender la espiritualidad.

La muerte del papá y la pérdida de la juventud

Mi papá nunca presentó una licencia, nunca, hasta esa mañana de julio de 1995 en que los dos despertamos con fiebre. Nos fuimos a hacer exámenes, y al día siguiente fuimos a buscarlos. El doctor me dice que tengo amigdalitis y a mi papá le dice «don Jorge, vaya a ver a un hematólogo ahora». Yo escuché la palabra «hematólogo» y dije «puta, esto es leucemia». Le hicieron una punción a la médula ósea, un examen terrorífico, y lo fui a dejar a la casa. El doctor me dijo que volviera yo solo en la tarde. Yo tenía 23 años.

Recuerdo que me acompañó mi amigo de la universidad Sebastián Eyzaguirre. Cerca de las nueve de la noche el doctor me hace pasar y me dice «su papá tiene una enfermedad maligna en la sangre». «Doctor, dígame la verdad. ¿Tiene leucemia, cierto?«. Y me dice que sí y que le quedaba un año de vida. Duró un año clavado mi viejo. El tratamiento para vivir ese año costaba una locura. 80 millones de la época.

Me acuerdo que sacaba la cuenta y me preguntaba de dónde iba a sacar la plata. En ese momento puse una pausa muy dura a mi juventud, porque dejé de ser joven. Ya no podía ir a fiestas, no había espacio para hacer mucha vida, sino que sólo para ver cómo pagábamos esto. Empecé a trabajar en distintas cosas. Ahí también apareció mucha gente de muy buena voluntad. En el trabajo de mi papá se portaron de forma extraordinaria, nos ayudaron montones.

Mi papá nunca asumió que iba a morir. Partió finalmente el año 1996. De las cosas bonitas que me pasaron fue que tuve la fortuna de estar con él cuando se murió. Yo me quedaba en las noches con él y en el día se quedaba mi mamá. A las seis de la mañana del primero de agosto, una enfermera me despierta y me dice “don Jorge se está quedando”. Le hice cariño en la frente, le tomé las manos y me quedé mirándoselas. Me repetía en mi cabeza “no se las voy a ver nunca más”. Mi papá dejó de respirar y se fue. Lo último que le dije fue esa frase que Hernán Larraín nos dijo en clases el día después de la muerte de Jaime Guzmán: «Papá, te juro, te juro que voy a hacer de mi vida algo extraordinario».

Yo no sabía hacerme el nudo de la corbata, nunca supe. Y cuando mi papá estaba hospitalizado, yo iba con mi corbata para que me hiciera el nudo para mis exámenes. El primer nudo de corbata que yo hice es el que mi viejo tiene en el ataúd. Nunca supe muy bien cómo pude hacerlo.

Primeros trabajos y militancia en la UDI

Ahí vinieron años bien duros. Rodrigo Álvarez fue muy generoso conmigo y me dijo que debía terminar mi carrera lo más pronto posible para comenzar a trabajar. Por mientras animé cumpleaños, cuidaba casas en el barrio alto, trabajaba en un juzgado del crimen, en un juzgado de menores. Había que juntar plata para mantener a la familia y pagar las deudas.

Un día de 1997 Rodrigo Álvarez me llama para que trabajara con él en su campaña a diputado por Magallanes. «¿Cómo?», le digo. «Yo no soy pinochetista y no soy militante de la UDI». Y me dice que eso no importaba, que me lo quería pedir como amigo. Así que me fui a Punta Arenas a trabajar en su campaña. Estuvimos tres meses y ganamos. En febrero Rodrigo me ofrece ser su jefe de gabinete en la Cámara de Diputados.

En el año 2000, por ahí, se me acerca Juan Antonio Coloma y me pregunta si soy militante de la UDI. Le digo que no. Me pregunta por qué no. “Porque no soy pinochetista, tengo un juicio crítico del gobierno militar, entiendo las razones detrás y no creo que todo se haya hecho mal, pero el tema de los derechos humanos para mí es capitular”, le contesto. Coloma insistió para que entrara a militar y le dije que lo pensaría.

A la semana siguiente me pilló Coloma en el Congreso. “¿Y?, ¿pensaste?”, me dice. Traté de hacerme el loco, pero me fui a almorzar y cuando llegué de vuelta a la oficina estaba la ficha de militancia con el patrocinio de Coloma y de Pablo Longueira. Así que firmé y entre a la UDI.

El debut como concejal, el salto a alcalde y la figura de Longueira

El 2000 me ofrecen ser candidato a concejal por La Florida. Iba como arroz graneado de Pablo Zalaquett y gané. Salí electo con 513 votos. Yo no tenía ninguna aspiración de ser concejal y menos de ganar. Estuve dos períodos como concejal, llevaba ocho años y Zalaquett se fue a competir como alcalde a Santiago. La UDI no tenía candidato para La Florida y me metieron a una suerte de casting para ver si podía ser yo. Finalmente la UDI escogió a Gustavo Hasbún que perdió con Jorge Gajardo y yo salí electo concejal con la primera mayoría de la comuna.

Asume Gajardo el 2008 y el día uno sus compañeros de ruta, Carlos Montes en particular, se dedican a atacarlo. Le echaron a correr el rumor de que tenía alzheimer y la verdad es que Jorge es un poco sordo, pero nada más. Alzheimer no tenía y tampoco tiene ahora. Con Jorge empezamos una relación de harto cariño y respeto recíproco, porque él se dio cuenta que sus propios compañeros de coalición le votaban en contra todo. La cuestión se empezó a encabronar tanto que al final Gajardo terminaba gobernando con nosotros.

Un día que estaba solo entré a la oficina de Jorge. Le pregunto qué le pasaba y me dice “es que lo paso tan mal en esta cuestión. No quiero seguir”.

En febrero de 2011 estaba de vacaciones y Gajardo me llama para que lo fuera a ver a Los Molles. Yo iba a ir a almorzar y me quedé hasta muy tarde. Ahí me dice que no quiere seguir, que va a renunciar y me pregunta si yo era capaz de ganar la alcaldía. Le dije que creía que sí. Nosotros estábamos 6-4 abajo en el concejo, pero ellos ya habían perdido una concejal, entonces estábamos 5-5 y en el empate tenía que ser electo en segunda votación el concejal con más votos, que era yo. Llamé a las tres de la mañana a Pablo Longueira para despertarlo para contarle esta opción. Me dice “está extraordinario, notable”.

Ya en Santiago, Gajardo mantuvo su decisión y renunció. La Concertación, liderada por Carlos Montes, para impedir que yo asumiera como alcalde, no dio quórum de concejo durante cuatro meses. Fue durísimo.

Para mi cumpleaños, el 6 de junio de 2011, yo estaba sin plata y sin pega. Llamé a Longueira y le dije si podíamos conversar. Nos juntamos en el Tavelli de Las Condes. Le dije que no daba más, que habían sido cuatro meses súper duros, que me sacaban la chucha, que no se veía por donde iban a dar el quórum y además le dije que no lo quería forzar a él a apoyar a alguien que tal vez no tenía futuro.

Y acá ocurrió algo que retrata a Pablo de cuerpo completo. Me dice “mira Rodolfo, lo único que te quiero decir es que cada vez que tú sales a pelear, a mí se me infla el pecho. Y yo voy a estar al lado tuyo hasta cuando tú quieras pelear”. Después de eso me devolví a la casa con el pecho hinchado. A los dos días me llamó un concejal del PS y me dice que va a dar el quórum, y ahí me convertí en alcalde contra todo pronóstico.

La primera elección fue en 2012. Saqué como 50 mil votos. En la segunda como 57 mil votos y en la tercera, que fue el año pasado, fueron 90 mil votos. Si me preguntan cuál es la receta, no la tengo tan clara. Tiendo a pensar, o intuyo, que no sólo tiene que ver que la gente ve que uno hace cosas y que trabaja. De alguna forma los floridanos ven a su alcalde como uno más. Que nació acá, que tiene color de floridano, que si bien usa camisas finas, sigue viviendo acá.

El marcador viaje a Estados Unidos

El año 2001 me fui varios meses a Estado Unidos. Trabajaba en la Casa Blanca y en el Capitolio, y aprendí a hablar inglés. Fui al Leadership Institute de Darío Paya. Esa experiencia me templó mucho, fue una época muy bonita en términos de madurez personal y política también. Estar en la capital del mundo. Me gané el premio al mejor interno. Uno de los premios, junto con los libros y las pasantías, era ir al almuerzo de los líderes del Senado norteamericano. Estuve con John McCain al lado. Era impresionante estar donde se decide para dónde va el mundo. Y después llegué a Chile donde estaban escuchando «si me vienen a contar cositas malas de ti»… fue deprimente.

Mis meses en Estados Unidos me hicieron descubrir dos cosas. En primer lugar, una frustración muy profunda de no haber podido estudiar allá, porque tenía que trabajar acá para mantener a mi familia por la falta de mi papá. Pero lo que más me marcó fue la sensación de la grandeza. De que la política está marcada por el heroísmo, por cosas que están destinadas a estar escritas en letra de molde. La política chata y pequeña no puede ser lo único. También tiene que haber algo más grande, ponerse metas difíciles, proponerle al país sueños imposibles de cumplir de modo tal que si no llegamos, al menos le peguemos en el palo.

Aspiraciones presidenciales

El cementerio está lleno de futuros Presidentes de Chile. Y está lleno de Presidentes que ya no tienen flores en sus tumbas. La mayoría que sueña con ser Presidente, no lo es. La presidencia te busca. La pregunta es: cuando te haga cambio de luces, qué vas a responder. Y en eso cualquier político que te diga que no quiere ser Presidente, está mintiendo. Todos quieren. El punto es que para algunos es más probable y para otros no va a ser nunca probable.

Parece ser que el signo de los tiempos hoy día se encamina a un cambio no solo generacional, sino que de paradigma, de que los chilenos que hablaron el 4 de septiembre, esta enorme clase media silenciosa, parece ser que quiere que la agenda sea la agenda de la clase media.

Lo que pasó en La Florida puede terminar pasando en Chile. Que la gente diga “sí, quiero mi agenda, pero que la dirija alguien como yo”. No me explico de otra forma la presencia en las encuestas permanente y una situación que yo noto en la calle en donde la gente me habla del tema presidencial. En estos últimos meses, un sector que antes te conocía porque salías en la tele, ahora quiere escucharte. Hablo del mundo de la élite económica, del mundo intelectual, que dice “a ver, quién es este gallo realmente”.

Lo que sí es relevante para tomar una decisión es saber dónde está mi patria. Mi patria son mis hijos, es mi familia, eso es lo que soy yo y ellos están claramente primeros. En una entrevista lo dije y a Joaquín Lavín le dio pena que yo lo dijera, pero no lo dije en mala onda. Mi ataúd no lo va a llevar ni Lavín, ni Piñera ni la Pepa Hoffmann. Lo van a llevar Felipe y María Ignacia, mis hijos.

No estoy obsesionado con esta posibilidad y eso me permite hacer las cosas con más tranquilidad. Porque veamos qué pasaba hace cuatro años en esta misma fecha. Los principales liderazgos en las encuestas eran Cathy Barriga, Joaquín Lavín, Daniel Jadue y el cuarto era Jorge Sharp. No tengo que decir yo en dónde están esos nombres hoy.

Pero si se mantiene una buena evaluación y si estoy preparado anímicamente para eso, sí, voy a ir a la presidencial.

Por una razón súper misteriosa, muchas veces yo decía “para acá quiero ir”, y Dios decía “es para este otro lado”. Cuando el 2001 voy al Leadership y me gané el premio al mejor interno me ofrecieron quedarme a trabajar ahí, lo que implicaba renunciar a la concejalía y me pagaban un monto que me alcazaba para arrendar un departamento y para vivir, pero no me alcanzaba para mantener a mi familia acá. Mi hermano ese año entraba a la universidad.

Tuve que decir que no. Me acuerdo que tuve un vuelo Washington-Chicago, Chicago-Miami, Miami-Santiago, un vuelo eterno. Y lloré todo el camino, porque estaba renunciando a mi sueño. Pero Dios me tenía un plan acá, un camino más largo. Ahora, cuando me pasa esto, cuando la gente te dice cosas positivas en la calle y las encuestas son aparentemente favorables -aunque reitero que tenemos un Presidente recién electo y falta mucho-, pero no puedo negar que hay algo muy misterioso que me hace decir “parece que sí, parece que sí”.

Lo que sí sé con todas sus letras es que no estoy dispuesto a llegar a los 70 años diciendo “había una oportunidad y no la tomé y no hice junto a otros lo que había que hacer”. Ahí el amargado voy a ser yo y a los 70 años no va a haber mucha vuelta.  

Dos pilares para reconstruir hoy: seguridad y economía

Creo que los tiempos de hoy requieren devolverle dos pilares fundamentales al país: primero orden público, donde vamos a tener que tener una mano dura y firme. Las bandas de narcotraficantes no se enfrentan con programas sociales o proyectos de ley. Se enfrentan con una policía durísima. Para rescatar a los niños o al delincuente menor ahí sí que es política social, pero para un señor que viene del Tren de Aragua o del Cartel de Juárez, ese señor o se rinde o se muere. No hay otro camino. Decir algo distinto es mentirle a la ciudadanía

El otro tema es el económico. Que los chilenos por distintas razones y por falta de liderazgo de la derecha, compraron el discurso de que todo esto era repartir y repartir, bonos para arriba y bonos para abajo. Pero los chilenos se están dando cuenta que el primer deber del gobierno es que haya trabajo. Con orden público y estabilidad económica, recién podemos hablar de cuáles son las reformas que se van a hacer. 

Lo primero que debe hacer un candidato es decirles a los chilenos “no espere tanto de mí. No soy Súperman”. No puede ocurrir lo del Presidente Piñera que prometió que iba a trancar la puerta giratoria y le robaron la puerta giratoria. O Boric, que la gente creía que iba a arreglar todos los problemas. Hay que mirar a la gente de frente y decirles “en esta generación, este cambio vamos a hacer”.

Rol que debe tener el Estado

Donde hay más espacio para el esfuerzo personal y el mérito, el Estado no tiene sentido. Pero donde hay menos espacio para esas cosas, sí tiene que haber más presencia del Estado. ¿Qué mérito le puedo pedir a un niño de dos años que es abandonado por sus padres? Ahí tiene que estar el Estado para cuidar a ese niño y encontrarle una familia lo más rápido posible y que vuelva a la carrera de la vida en las mejores condiciones.

¿Hay mérito o libertad en un señor de 92 años que está en una silla de ruedas y no tiene red familiar? Ahí tenemos que acompañarlo hasta el final de sus días para que muera con dignidad. ¿Hay mérito en alguien que fue buen padre, buen hijo, buen estudiante, pagó sus impuestos y lo agarra una leucemia como a mi papá? No hay mérito. Ahí tiene que estar el Estado diciéndote “te vamos a apañar en todo”

Conversaciones con Parisi y el PDG

Se dice que hubo coqueteo con Parisi y el PDG, pero no es así. Yo voy a seguir soltero políticamente hasta el último día de mi cargo como alcalde. Lo que me pareció correcto era hablar con Parisi, como he hablado con Ricardo Lagos, con Ernesto Ottone y tantos otros.

Me invitaron a participar a ‘Bad Boys‘ y ahí Parisi me pregunta por qué no me voy al PDG, por qué no soy parte de una primaria. En otro programa en que entrevistó a Pamela Jiles, le plantea también que sea parte de la primaria y que yo debía estar en esa primaria. A mí me pareció que eso ya traspasaba a lo que yo estoy disponible. No me gustaría que me involucraran en algo que está tan fuera de foco de lo que los chilenos necesitan hoy.

Tengo un gran respeto por el PDG, creo que han logrado construir un partido en muy poco tiempo, pero es un partido joven que tiene que demostrar muchas cosas, como la gobernabilidad, y también que no estén dispuestos a negociarlo todo. Hay cosas que no se negocian.

Yo tenía una invitación a un matrimonio en San Francisco de un amigo muy querido que se casaba con una chilena. Yo no iba a ir, pero mis hijos me convencieron. Fui con mi hijo Felipe y antes pasamos por Orlando y nos juntamos con Franco Parisi. Fuimos a un restaurante, no hablamos de política, y él y su familia fueron muy cariñosos con nosotros. 

Al día siguiente fuimos a Cabo Kennedy, lugar al que yo quería ir desde niño. Vimos el lanzamiento de un cohete de Elon Musk. Esa noche comimos, conversamos solos y le dije que no iba a ir a una primaria con Pamela Jiles y él, que entendía que esto tenía que ser algo colectivo y no una aventura personal, y tener claro para qué y no para quién.

Le dije: “Entiende una cosa Franco. Yo hoy estoy más arriba que tú en las encuestas y tengo claro que esto cambia de la noche a la mañana. Entonces, enamorarse del espejo es una mala decisión. Estamos en un momento estelar de nuestra historia, uno tiene derecho a tener ambiciones personales, pero hay que cachar que la gente juzgará con particular dureza al que sea egoísta, al que piense en el yo yo. Si en eso nos encontramos, seamos aliados, pero en un contexto más amplio que el PDG”.

Primarias amplias y domicilio político en la centro derecha

Hablar de primarias con un gobierno que lleva ocho meses es de muy mal gusto. Pero cualquier primaria para reemplazar al gobierno de Boric va a tener que considerar dos elementos: primero, no pueden ser sueños personales, tienen que ser colectivos para sanar a Chile. Y el esfuerzo que tenemos que hacer es sumar a mucha gente: a Chile Vamos, al PDG, ojalá también a los nuevos partidos como Demócratas, los Amarillos. Se requiere una primaria lo más amplia posible, no de un solo partido político.

Mi domicilio es la centro derecha. Ahí está mi historia. Ojalá podamos estar todos juntos en una primaria y creo que va a terminar ocurriendo, porque los sueños solitarios tienen un pésimo despertar. Pero voy a estar donde esté finalmente ChileVamos. Creo que ese es mi destino, ese es mi camino, porque para gobernar se necesitan equipos. Yo podría ser un rostro eventualmente muy potente en una campaña personalizada, pero ¿queremos terminar como De la Rúa en Argentina arrancando en un helicóptero o queremos construir Chile sumando mucha gente?

Una de las cosas en la que debemos esforzarnos por terminar es tener Presidentes de segunda vuelta, que ganan con votos prestados, pero que a los pocos meses terminan en la más total impopularidad.

Acaban de inaugurar el monumento al Presidente Aylwin. Era tan sintomático ver lo pequeño que se veía el Presidente Boric frente al gigante que tenía al frente. Yo no quisiera que me pasara eso. Que mi pequeño ego quedara opaco y enano frente a los desafíos que tiene Chile.

Salida de la UDI

No es que yo fuera tan liberal. Yo tengo una matriz católica, mi raíz es más bien conservadora, pero tengo profundo respeto por el que piensa distinto y por el que vive distinto. Y me parece impropio que los partidos se metan en la forma de vivir de la gente. Impropio éticamente y absurdo políticamente, porque la gente no te va a hacer caso.

En la UDI estaba cansado de estar peleando. En algún minuto a Jaime Bellolio le pasaba lo mismo. Me acuerdo que le dije que si uno encuentra que está todo mal y te la pasas peleando, hay que irse de la casa. Y cuando te vas de la casa, vuelves los domingos a almorzar y te das cuenta que la casa no era tan mala, que quieres a sus habitantes, que somos distintos, pero a pesar de que somos distintos y tenemos casas distintas, nos respetamos y queremos en la diferencia. Hoy mi relación con la UDI es mucho mejor que cuando era militante.

Volver a Chile Vamos

Si se produjera un cambio importante dentro de los partidos de centro derecha, tal vez surgiera una estructura distinta, con un nombre distinto, hubiera una coordinación distinta, tal vez yo sería militante de esa nueva orgánica. Eso no ha ocurrido, por tanto seguiré como independiente.

Para ser candidatos, Sebastián Sichel fue como independiente y Sebastián Piñera fue como independiente. Y cuando fue difícil, cuando hubo que dar pruebas de estar en las duras, yo apoyé a Lavín desde la independencia siendo él el candidato de la UDI. Pagué los costos que hubo que pagar porque hice lo que yo creía era lo correcto. Creo que Chile Vamos entiende perfectamente que yo sirvo a las causas de Chile y a las causas de la centro derecha de mejor forma desde la independencia en vez que desde el espacio limitado de un partido político.

Virtual competencia con Evelyn Matthei

Creo que Evelyn Matthei tiene un liderazgo indesmentible. Ha tenido una carrera de más de 30 años. Recuerdo perfectamente que estaba en tercero medio para el plebiscito y la vi en la campaña del Sí en esa época y tenía una carrera larga que en ningún caso es un descrédito.

En Chile todos caben. Una persona de mi edad y una persona con la edad de la Evelyn. Una persona con mis años de carrera y una persona con los años de carrera de la Evelyn. Lo importante es ver en su minuto quién va a interpretar a ese Chile moderno.

Cualquiera sea el resultado, con Evelyn nos tenemos que apoyar recíprocamente. Evelyn tiene una inteligencia superior a la media, tiene una gran visión de futuro, ha tenido una mirada liberal en temas donde la derecha a veces no lo ha tenido. Si ella es la Presidenta de Chile porque es el mejor nombre, yo voy a ser el que va estar primero acompañándola para sanar Chile.

Pinochet y el clivaje del Sí y el No

La izquierda está tratando de reponer el tema de los 50 años del golpe militar para hacer ‘el llamado a la tribu’ y tratar de recuperar a todo aquel que sienta que Pinochet es el vector por el cual uno elige un sector político. Yo creo que Chile ya superó eso.

Honestamente, la dictadura es una creación del pueblo chileno. La dictadura no vino de Marte. Pinochet es hijo de la incapacidad de un sistema político de encontrar la salida a una crisis institucional muy profunda.

Esta cosa artificial de radicar todo en una persona que lleva muerta 16 años, que su gobierno terminó hace más de 30 y el golpe fue hace 50 es una forma muy artificial de dividir a los chilenos por un cálculo electoral que, si les resulta, le van a hacer un gran daño a Chile porque un país dividido no llega a ningún lado. Si Boric está tan ciego o tan mal asesorado para hacer eso, no sólo se está dando un balazo en el pie, sino que está terminando de sepultar la oportunidad de que su gobierno salga por una puerta relativamente ancha.

Amigos en política

Tengo amigos en política. La ex ministra Javiera Blanco probablemente es mi mejor amiga del mundo de la ex Concertación, por lejos. Con el alcalde Gonzalo Durán somos bien amigos también, lo mismo con el alcalde Carlos Cuadrado. Con Jorge Sharp tenemos muy buena onda. No somos amigos de carretear ni mucho menos, pero nos respetamos harto. Yo le digo que es el alcalde bolchevique, pero tenemos mucha amistad cívica. 

En el mundo de la derecha Gonzalo Cordero es uno de mis mejores amigos, a Pablo Longueira ahora lo veo poco pero es alguien a quien quiero mucho y toda la vida lo voy a sentir muy cercano. Joaquín Lavín es otro gran amigo.

Participación en la campaña de Piñera y posible ministro

Cuando se produjo la campaña del Presidente Piñera, él me invitó a participar para representar o tratar de ser vocero de una mirada más de clase media. Fue a mi casa en La Florida y me acuerdo que el Presidente fue muy amable, estaba muy relajado, muy dispuesto a escuchar.

Salimos al patio, se acercó a la pandereta y se paró arriba de un ladrillo a mirar a las casas del lado. Ahí se me ocurrió decirle esto: «Esa pandereta de la que usted está agarrado es la historia de la clase media. La clase media, con sus propias uñitas va escalando este muro, mira al otro lado de la pandereta y ve Cancún, no la casa de la suegra. Ve el auto chino, ya no el Transantiago. Ve el colegio particular subvencionado. Ve que ha progresado, pero sabe que está agarrado de sus propias uñas y que cualquier pequeño cambio lo va a devolver a la pobreza«.

Me enfermo, soy pobre. Llego a viejo, vuelvo a ser pobre. Me roban, vuelvo a ser pobre. Cómo no va a ser posible que desde una mirada libertaria, de centro derecha, nosotros no abracemos esas banderas, que son el esfuerzo y el mérito, con una red de protección que nos permita garantizarle al chileno que vamos a derrotar el delito, que cuando llegue a viejo tenga una red de protección importante, y que cuando se enferme no quede abandonado al bingo o a la colecta en el barrio. El Presidente después acuño la frase Red Clase Media Protegida, y yo creí que era real. Pero la verdad es que no se cumplió. No por mala voluntad del Presidente, sino que por la contingencia.

Se me sondeó si estaba dispuesto a ser ministro del gobierno de Piñera. Yo desde un principio entendía que la conformación de un gabinete era un tema complejo, que deja a más gente descontenta que contenta, y uno tiene que aceptar que no está ahí porque hay equilibrios políticos que proteger. Pero lo que nunca entendí, después de tanto coqueteo y tanta llamada, es que cuando se nombró al gabinete y se hizo la ceremonia, nadie te llamara por teléfono ni siquiera para decirte “oye Rodolfo, gracias, pero no vas a ir con nosotros”. Un gesto amable es gratuito.

Me dolió, me dio mucha pena que no me llamaran. Los comunistas me hacían bullying en el concejo municipal. Me dolía, pero fue el mejor regalo que me pudieron hacer, porque claramente no habría encajado en un gobierno con ese estilo y probablemente hoy día sería un cadáver político. Finalmente me hicieron el mejor favor, porque me dejaron en el puesto donde he podido cumplir de mejor forma.

Estallido del 18 de octubre

El 18 de octubre de 2019 ocurrió un quiebre moral de la sociedad chilena muy fuerte. ¿Fue estallido social? No. ¿Estallido delincuencial? En parte. Pero básicamente fue un quiebre moral de nuestra sociedad.

Hubo una incapacidad de una élite, no sólo de derecha, sino que económica, cultural, de no asumir de que había un sector de la sociedad al que el progreso no le estaba llegando tan rápido como al resto. Que mientras se vendían Rolls-Royce o Aston Martin en Vitacura, había gente que no era capaz de llegar a su casa sin que la asaltaran. Ese desequilibrio lo único que estaba generando era una olla de descontento que fue controlada por grupos que la élite tampoco vio, que estaba en los colegios, en las universidades, que entrenaban a los cabros en el uso de la molotov, el piqueteo, y que se aprovecharon de este momento de descontento para dinamitar nuestra paz social y se armara una ola gigantesca y desproporcionada de violencia. La peor noticia fue que una parte importante, casi mayoritaria de la sociedad chilena, no la condenó. 

El monstruo sigue ahí. Hay algo en nuestra construcción ética como sociedad que no condenó en forma unánime la violencia. Desde el Presidente de la República actual, sus ministros, buena parte del Congreso, algunos medios de comunicación. Recuerdo con mucha pena haber escuchado a un destacado periodista de ‘Tolerancia Cero’ teorizando de que la violencia es la partera de la historia. Eso es súper fácil decirlo desde la comodidad de un condominio en el barrio alto. El estallido lo único que generó fue más división, más pobreza. Hoy tenemos un peor país y no resolvimos ninguno de los problemas.

Esto se mezcló con el ánimo de una izquierda a la que se le quedó guardado en el velador su compromiso con la democracia. Empezaron a coquetear con la violencia para, en una de esas, poder voltear el gobierno democráticamente elegido. Hago un cuestionamiento muy profundo al mundo del socialismo democrático que fue muy tibio en un momento en que fue puesto a prueba. Esto estuvo a punto de convertirse en algo muy parecido a una guerra civil o al menos a un quiebre democrático.

Cómo este gobierno que dijo que no pagar o evadir era una forma de luchar, cómo le van a decir a la gente que pague el boleto de metro cuando no haya trabajo, cómo le van a decir que no saqueen los supermercados si romantizaron la lucha. Hablaban de ‘la revuelta’ como si esto hubiese sido la lucha contra la monarquía en Francia.

Piñera y el estallido

El Presidente Piñera no tiene ninguna responsabilidad en el origen del estallido. Es algo que le explotó a él en la cara y no sé quién podría haberlo hecho mucho mejor ese 18 de octubre. Fue una cosa demasiado violenta e inesperada.

Pero la gestión del estallido podría haber sido mejor si se hubiera escuchado antes. En el estallido no habríamos llegado al tema de entregar la Constitución si hubiese habido cambios importantes que la ciudadanía pedía en ese minuto.

Entregar la Constitución fue producto de la desesperación, no del convencimiento. El Presidente se vio en algún minuto entre que lo desalojaran de La Moneda por una turba o entrar en una ley marcial y meterse en algo que podía terminar en cualquier cosa. Fue una decisión brutal, muy difícil en términos humanos para él. Pero no habríamos llegado a eso si hubiese habido más cintura para poder encontrar caminos de solución en los días inmediatamente posteriores al estallido social. No se debió haber llegado a ese nivel de solución binaria el 12 de noviembre de 2019. Se pudieron buscar muchos caminos antes que nos habrían evitado llegar al riesgo que se produjo con una asamblea constituyente que nos pudo haber tirado por el precipicio.

Gobierno de Boric

Este gobierno está cosechando lo que sembró. Sembró expectativas totalmente irresponsables que no puede cumplir. El Presidente probablemente nunca tomó nota de que su verdadero electorado es el de primera vuelta. El resto que lo apoyó en segunda vuelta votó en contra del otro candidato. Ya no le hace gracia a esa gente sus improvisaciones y sus volteretas.

El Presidente Boric no tiene las condiciones ni el carácter para enfrentar este momento difícil. Esto no me hace feliz, me preocupa, veo el sufrimiento de la gente en el día a día. Me preocupa también que la institución presidencial se vulgarice tanto, se haya arruinado tanto. Cuando el país está entrando en una tormenta, tenemos un capitán que no sabe quién es. Es muy preocupante.

Desde el orden práctico, algunas de sus volteretas están bien. Uno dice menos mal. Al final da lo mismo si es por oportunismo o porque tuvo un sueño o porque se convenció que tenía que respaldar a Carabineros. Lo que me parece reprochable en términos éticos es que tú tienes todo el derecho a cambiar de opinión, pero cuando pasas de llamarle “yuta” a nuestros carabineros, cuando los sales a enfrentar con epítetos y después los defiendes porque manejan tu auto y cuidan tu casa, me parece que a lo menos podría regalarnos alguna reflexión. A él que le gusta la poesía, los autores rusos. Que se hunda en Chéjov, que le pregunte a Dostoyevski en sus noches de reflexión cómo podría hilvanar una explicación para todos estos cambios. Si son honestos, bienvenidos sean.

El riesgo de que este gobierno no termine existe. Lo impensable es que un Presidente de Chile no termine. Pero ya con Piñera estuvimos cerca de que eso ocurriera. Con este gobierno podría llegar a ocurrir si se dan ciertas ecuaciones de inestabilidad económica, política y de seguridad. ¿Qué quiero yo? Que Boric termine su gobierno de todas maneras. Por tres razones: la primera es que quiero vivir en un país donde los Presidentes son elegidos, gobiernan y entregan la banda al que sigue. Segundo, porque las crisis institucionales siempre las pagan los más débiles, en cesantía o en violencia. Tercero, porque el pueblo chileno tiene que aprender la lección de lo que hizo, de que no podemos entregarle la Presidencia a aficionados.

Espero que la oposición actual no crea que hoy hay que devolverle la mano a Boric y toda esa ex oposición que fue brutal con el gobierno anterior. Hay que ser una oposición durísima, no me gustan esos cantos de sirena de andar diciendo que sus ministros son encantadores, darme abrazos con ellos y sacarme fotos, porque con los comunistas no tengo nada que hablar, con totalitarios no hablo. Pero es muy distinto jugar con la inestabilidad de un país, a ser una oposición dura, pero justa.

Reforma de pensiones

La Reforma de Pensiones es un asalto al bolsillo de las personas. Hay un montón de letra chica en este proyecto que va a permitir, por ejemplo, que el Estado chileno al controlar la plata de las pensiones pueda prestarle plata a YPF de Argentina. Hoy el sistema de pensiones tiene un montón de salvaguardias, y con el nuevo sistema esas salvaguardias no van a existir. ¿Quién responde si ese negocio es bueno o malo?

Dicen que vamos a hacer las cosas como Australia o como Canadá. Pero ¿tenemos un sector público como el canadiense? Recordemos que el actual gobierno es el que ha expulsado a más gente elegida por el sistema de Alta Dirección Pública. Me van a decir que cuando vean 50 mil millones de dólares sobre la mesa no van a poner a la abuelita, a la prima o al gato en distintos puestos en una entidad de esta naturaleza. Se van a quedar de un paraguazo con la única fortuna que tienen millones de trabajadores chilenos.

Es una locura que a esta gente, con este nivel de sectarismo, con esta falta de profesionalismo en el sector público, le entreguen lo único que tienen los chilenos. Podemos discutir soluciones para hacer una buena reforma de pensiones, pero con dos ejes. Propiedad individual de los ahorros y que los chilenos siempre puedan elegir.

La decisión de adoptar

Tiendo a pensar que la felicidad es encontrarle cierto sentido a tu existencia. Y la madurez tiene que ver con cuáles son esas coordenadas de tu vida. Una de las que descubrí primero era ser papá. De niño yo sentía esa cosa protectora, de poder cuidar a los demás, de cuidar a mi papá, a mi mamá, a mi hermano. La llegada de mi hermano Álvaro me cambió la vida del cielo a la tierra. Lo cuidaba, era como mi hermano-hijo. Me acostumbré a compartir más. Hasta ese minuto era un niño mucho más individualista.

Cuando empecé a avanzar en la edad, me di cuenta que algo faltaba. Mi proyección y mis infinitas ganas de dar cariño no se estaban cumpliendo. Hubo un momento en que mi perro se enferma, lo llevo a la clínica en la mitad de la noche y el diagnóstico era muy malo, se podía morir. Me dio mucha pena, se me cayeron las lágrimas. Ahí caché que no tenía nada. Tenía un auto rico, era un alcalde con buenos votos en las elecciones, con buena aprobación, pero no tenía más que eso. Ahí me empecé a cuestionar mi vida de familia. Evalué distintas alternativas y una periodista muy amiga mía me dice que va a ser mamá y que iba a adoptar en el Sename. 

Fui al Sename a inscribirme y la primera reunión de postulante fue el día martes posterior al estallido. Llegué entre medio de molotovs y lacrimógenas a Pedro de Valdivia. Todos los que estábamos ahí éramos bien diversos: matrimonios heterosexuales de distintas edades, parejas de un mismo sexo y harta gente soltera igual que yo. Hice exámenes psicológicos, ven tus rentas, tu casa, y ahí se me declaró apto. Después de que me declararon apto, entré en un proceso de espera, que debe ser muy parecido a cuando le dicen a una mujer que está embarazada. Entonces ahí empezaron a buscar a un niño que encajara con mis capacidades como padre. 

Eligieron para mí un niño que tenía siete años y me enganché harto con esa posibilidad. No lo conocí, pero le alcancé a ver la cara, leer su historia. Y me llamaron un día para decirme que el niño tenía un trastorno de déficit atencional severo y que yo no iba a tener las competencias para poder acompañarlo y que la idea era que yo no fracasara como padre. Fue como una pérdida de un embarazo. Me la lloré, estuve muy triste un buen rato. A los dos meses, me llama la directora y me dice que hay una posibilidad de adopción de dos niños, que tenían ocho y nueve años, que eran hermanos y que eran de Curicó. 

La primera vez que los vi iba con miedo. Me preguntaba ¿Me van a querer? ¿Qué dolor tendrán? ¿Los voy a querer? Me prepararon una salita en la aldea donde estaban y entraron los dos. Muy distintos los dos. Ella era muy cariñosa y muy articulada y él casi no hablaba. Yo le llevé un regalo a cada uno y a Felipe le había llevado un Lego. Sin hablar nada, abrió la caja y lo armó. Me cagó. Fue un flechazo con los dos. Ese primer día que los vi yo ya tenía claro que los quería.

Mi experiencia con el Sename fue muy buena. Cuando uno va a los hogares, uno se da cuenta que las condiciones no son las mejores, pero se nota que se ha hecho un esfuerzo. Pero el drama es que por mucho esfuerzo que se haga, nada va a reemplazar el calor del hogar.

Trato de prepararles el desayuno siempre, comer con ellos y llegar antes de que se queden dormidos. No quiero cometer el clásico error de los políticos que se dedican a salvar el mundo y pierden a su familia. Ellos ven ahora que su papá sale en la tele y que me saludan y que algunos me dicen que podría ser Presidente.

Ya hemos conversado, con la inocencia de los niños, cómo sería nuestra vida si eso llegara a pasar, entonces les digo que falta mucho, que nadie sabe, que no es tan importante y que lo primero son ellos. No quiero que nunca sientan que les fallo y cada vez que me equivoco les pido perdón. Ellos son lo más importante. Me han hecho madurar, me han dado tranquilidad. Lo que está ocurriendo con esto de que todos me preguntan por una campaña presidencial es bien mágico. Un amigo muy querido me dijo “tú no tienes idea de lo milagrosa que se ve tu historia. No sólo por el hecho de que alguien como tu podría ser Presidente, sino que podría ser perfectamente posible que dos niños del Sename terminen siendo la primera familia chilena”.

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